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	<title>Magic Words</title>
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		<title>Magic Words</title>
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		<title>Carta de Navidad</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Dec 2011 22:40:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Dawn*]]></category>

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		<description><![CDATA[Querido Papa Noel: Aquí estamos un año más, a las puertas de Navidad. Hemos empezado Diciembre con un poco de frío, pero es lo que se espera del invierno, ¿no? Aún no he sacado la trenca del armario, sin embargo. Y yo que este año venía preparada, con mis mil fulares y mis guantes de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=343&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:center;"><em>Querido Papa Noel:</em></p>
<p style="text-align:center;">Aquí estamos un año más, a las puertas de Navidad. Hemos empezado Diciembre con un poco de frío, pero es lo que se espera del invierno, ¿no? Aún no he sacado la trenca del armario, sin embargo. Y yo que este año venía preparada, con mis mil fulares y mis guantes de lana o de encaje&#8230; ¡Hasta me había comprado unos panties, que no tenía ningín par!</p>
<p style="text-align:center;">Pero no me iré por las ramas, está bien. De hecho, iré directa al grano, diciendo la frase que se espera de una niña correcta. Aunque&#8230; bueno, quizá sea mejor volver a empezar, porque aquí en medio queda un poco rara. Veamos&#8230;</p>
<p style="text-align:center;"><em>Querido Papa Noel, este año he sido muy buena</em>. He estudiado mucho&#8230; Bueno, bastante. Lo suficiente. Sé que siempre podría hacerlo más, pero me da mucha pereza. Espero que lo comprendas. De todas formas, <em>he sido buena</em>, estoy segura. Mis papás no me han castigado, al menos. A veces me pongo un poco refunfuñona, pero supongo que es normal. Estoy en la edad.</p>
<p style="text-align:center;">He estado pensando, querido Papa Noel, que todo el mundo te pide mil cosas. Niños de todo el mundo te escriben cándidamente, pensando que tú lo puedes todo. Te preguntan por juegos y juguetes. Durante un mes, lees cartas hasta que te pican los ojos y tus elfos hacen milagros hasta la hora del descanso, en el que comen galletitas y chocolate caliente que Mama Noel prepara con todo el cariño.</p>
<p style="text-align:center;">¿Qué puedo decir? Odio ser repetitiva. Yo también tengo cosas que pedirte. Yo también, después de todo, soy una niña. Todo el mundo tiene deseos, aunque sé que muchos no los pronunciarán en voz alta. A veces porque son demasiado cobardes. A veces porque son demasiado valientes.</p>
<p style="text-align:center;">Y luego estoy yo, aquí, escribiendo esta carta, como cuando era pequeña. ¿Te acuerdas aquella letra grande y redondeada, tan infantil? Ahora no se nota porque te escribo a ordenador, pero no ha cambiado tanto: sigue siendo bajita y regordeta, con los puntos de las ies redondos cuando me acuerdo, aunque las eles se resisten ahora a ser poco más que palitos. Supongo que no <em>he</em> cambiado tanto.</p>
<p style="text-align:center;">Y aquí estoy evadiendo el tema principal. Aunque después de tanto rato, lo cierto es que he perdido el hilo. Mejor sería volver a empezar. Veamos&#8230;</p>
<p style="text-align:center;"><em>Querido Papa Noel, este año me he sido muy buena</em>&#8230;</p>
<p style="text-align:center;">Me siento fatal. Es que empezar así es adelantarte que voy a pedir algo. Parece que sea buena simplemente con la intención de recibir algo a cambio, y tampoco es así&#8230; Sé que es lo que se espera, el estereotipo, que todos se atreven a pedir, pero a mí me hace sentir como lo peor.</p>
<p style="text-align:center;">Total, no es que me haga falta nada, estrictamente hablando. Tengo una bonita habitación, ropa, comida (incluso helado, polvorones y bombones) y hasta un ordenador en el que escribir mis desvaríos. Tengo las mejores amigas que podría desear y unos padres que, aunque a veces son un poco pesados, les quiero (pero no se lo digas). No quiero pedirte imposibles. Sé que la paz mundial es casi un mito. Y que probablemente el amor no sea para mí. No te voy a pedir un final feliz, porque nada que lleve la palabra &#8220;final&#8221; puede ser feliz. Y las perdices tampoco son de mi agrado. Prefiero el pollo asado.</p>
<p style="text-align:center;">Aunque no te lo voy a negar&#8230; me harían ilusión unas vacaciones. Un viaje, espacial o temporal, quizá. Pero si me regalas un camisón victoriano, con sus encajes y sus pololos a juego, también me vale. Se lo he pedido a mi madre, pero me mira raro cuando se lo menciono. Creo que es más tradicional: prefiere regalarme libros. Pero tampoco me voy a morir por no tenerlo&#8230;</p>
<p style="text-align:center;">Y eso nos deja, precisamente, en el principio.</p>
<p style="text-align:center;"><em>&#8230;Querido Papa Noel, este año he sido muy buena</em>&#8230; Y para demostrártelo, puedes tomarte el tiempo que normalmente utilizabas para venir hasta mi casa, de vacaciones.</p>
<p style="text-align:center;">Otro año será.</p>
<p style="text-align:center;">Con amor,</p>
<p style="text-align:center;">una niña que aún cree.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasmagicas.wordpress.com/343/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasmagicas.wordpress.com/343/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=343&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>*Un atardecer de confesiones*</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Oct 2011 07:45:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sophie18</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Day*]]></category>

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		<description><![CDATA[(&#8220;Se abre el telón&#8221;)   S: Como podreís ver nos gusta mantener esto tan activo como podemos. Como siempre os traigo un fragmento que quizás algún día sea parte de algo más grande. En este caso no vaís a encontraros ni a Matt ni a Holly. Los protagonistas son Katherine y Bryan. Os pongo rapidamente [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=340&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(&#8220;Se abre el telón&#8221;)  </p>
<p>S: Como podreís ver nos gusta mantener esto tan activo como podemos. Como siempre os traigo un fragmento que quizás algún día sea parte de algo más grande. En este caso no vaís a encontraros ni a Matt ni a Holly. Los protagonistas son Katherine y Bryan. Os pongo rapidamente en situación. Ella acaba de escaparse de casa de su hermana y de su cuñado. Creo que el resto está claro en el texto excepto un par de detalles que no serían nada fáciles de explicar ^^&#8217;. Lo mejor es que pregunteís vosotros mismos si hay algo que se os escapa.</p>
<p>&#8220;</p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">No tardo demasiado en verla. ¿Quién más podría estar sentada frente a la orilla del mar en un atardecer de pleno invierno? No sabía exactamente cuanto tiempo llevaba allí pero seguramente se estaría congelando de frío. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">No podía saber con precisión que la había llevado a salir de la casa de su cuñado de una manera tan precipitada e inesperada pero podía hacerse una ligera idea sobretodo teniendo en cuenta la conversación que habían tenido en la boda de su gemela. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Dudaba si debía acercarse directamente a ella o si debía esperar a que decidiera levantarse. La había visto temblar y juraría que incluso la había escuchado sollozar. Si la conocía tanto como creía, sabía que no le sentaría nada bien que la viese tan vulnerable aunque su único deseo era consolarla, borrar sus lágrimas y abrazarla hasta lograr absorber su tristeza. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Finalmente se armó de valor y descendió las escaleras que lo llevarían hasta ella. Se acercó lo suficiente para que ella pudiese escucharlo y la llamó suavemente. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Kate – la pelirroja no reacciono. – Katherine – insistió sin demasiado. – Kate, ¿estás bien? – esta vez el joven puso una mano sobre el hombro de la muchacha de tal manera que sin pretenderlo tocó su mejilla. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- ¿Bryan? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo me has encontrado? </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Que lo hubiese llamado por su nombre en lugar de por su apellido era sin lugar a dudas un avance así que se permitió sonreírle dulce y tranquilizadoramente. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No he necesitado pensarlo demasiado, en cuanto noté tu ausencia supe inmediatamente que te encontraría aquí. Te he traído tu abrigo, debes estar congelada. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">No dejaba de sorprenderla lo mucho que Bryan parecía conocerla y al mismo tiempo en cierto modo la asustaba. ¿Significaba aquello que durante todo el tiempo que ella le había rechazado el se había dedicado a profundizar en ella, a conocerla mejor incluso que su propia hermana gemela? ¿Podía eso significar que realmente sentía algo por ella aunque ella misma había rehusado creerlo durante mucho tiempo? </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Al silencio de la joven, el mayor de los Blackheart le colocó con delicadeza el abrigo sobre los hombros asegurándose de que no iba a escurrírsele. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Sé que no te gusta que te vean cuando eres vulnerable pero hay algo que estoy seguro de que ni siquiera sospechas. Eres la persona más independiente que conozco Kate pero todos necesitamos a alguien que este ahí para darnos un abrazo o para protegernos cuando lo necesitamos. A mi me encantaría que me dejases ser ese alguien. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Los ojos de la joven se empañaron, no podía creer lo que acababa de oír, seguramente su imaginación le estuviese jugando una mala pasada y la única intención de Bryan era consolarla como un buen amigo. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Te lo agradezco, Bryan pero seguro que tendrás cosas mejores que hacer que cuidar de una pelirroja testaruda y con muy mal genio. Sé que tus intenciones no podrían ser más nobles pero no me gustaría que tuvieras problemas con tu novia por mi culpa. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Suspiró, había olvidado que no habían tenido tiempo de aclarar ese punto y aquel momento más que nunca quiso que el malentendido se disipase lo antes posible. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No tengo novia, Kate, al menos no por ahora, aunque ya sé quien quiero que ocupe ese lugar. Es una pelirroja testaruda y mal humorada pero es mi pelirroja preferida. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Tras quedarse atónita por unos instantes, al fin se vio capaz de reaccionar obligándose a si misma a no ser egoísta. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No sabes lo que estas diciendo, Bryan. Mi destino es quedarme sola, no puede ser de otra manera, no podría hacer feliz a nadie. Creeme estas mejor sin mi. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Hubiera esperado cualquier respuesta de la joven menos aquella. ¿Cuándo había empezado ella a valorarse tan poco? ¿Tenía algo que ver el accidente de su madre y el hecho de que tanto Cassandra como Evelyn hubiesen encontrado la felicidad? </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No digas tontería, Kate, solo verte cada día en el trabajo ya me hace feliz. Mi mayor felicidad sería tenerte todos los días a mi lado, volver a verte sonreír, incluso agradecería que volvieras a mirarme de mal humor cuando me encargan una misión y a ti te dejan en las patrullas de las calles. Me duele ver que no eres feliz, Kate, me duele más de lo que puedes suponer. ¿Hay algo que yo pueda hacer para devolverte la sonrisa? </span></p>
<p><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">La pelirroja salvó la distancia que todavía quedaba entre ellos y se refugió en los brazos del mayor de los Blackheart. Aunque sorprendido, el joven no tardó en rodearla cariñosamente y acariciarle la cascada de rizos rebeldes.  </span></span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Cariño, ¿vas a contarme lo que te ocurre? Está no es la joven fuerte, orgullosa y un tanto demasiado independiente de la que me enamoré. Necesito que me digas que te ha hecho cambiar tanto para saber si hay algo que pueda hacer para recuperar a esa Katherine. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">La joven apoyó la frente en el pecho del policía evitando así mirarle a los ojos pero él la tomó suavemente por la barbilla y la obligó a conectar su mirada con la suya propia. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No hay nada que no puedas contarme, nada de lo que puedas decirme hará que te ame menos. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Aunque las palabras del mayor de los Blackheart lograron calmarla un poco, las lágrimas seguían brillando en sus ojos resistiéndose a desaparecer. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- He visto sufrir a las personas a las que más quiero y no he podido hacer nada por evitarlo. Creía que la mejor manera de evitarles el sufrimiento era fingiendo ser la más fuerte de todos pero no ha funcionado. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Al fin el policía pareció comprenderlo todo sin que ella necesitase decir una sola palabra más. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Te has tragado tu propio sufrimiento, tu propio dolor para ser la tabla de salvación de todos pero ¿quién ha sido la tuya, Kate? Lo único que necesitas es algo a lo que aferrarte o alguien y yo sé que puedo ser ese alguien, solo tienes que confiar en mi y dejarme ayudarte a soportar esa dura carga que te has autoimpuesto. </span></p>
<p><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Finalmente las lágrimas que hasta aquel momento había controlado se deslizaron silenciosamente por sus mejillas dejando al joven que todavía la tenía abrazada un tanto desconcertado.  </span></span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No lo entiendes, Bryan, tanto dolor, tanta angustia contenida nos hundiría a los dos, yo solo conseguiría hacerte infeliz, lo mejor que puedes hacer es alejarte de mi. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">La joven trató de abandonar la protección de los brazos del policía pero el se negó a dejarla huir una vez más. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No, Katherine, no voy a dejar que escapes de nuevo. Sé que juntos podremos superar cualquier cosa, solo hace falta un poquito de fe, mucha fuerza de voluntad y todo nuestro amor para lograrlo. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">El joven le borró cariñosamente las lágrimas de las mejillas aprovechando la ocasión para acariciarle el rostro dulcemente. Tanta ternura por su parte fue más de lo que la pelirroja pudo soportar. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No te alejes de mi, Bryan, ayúdame a creer que es posible se feliz, que todavía existe una oportunidad para el amor que siento por ti. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Se había dispuesto a alejar su mano del rostro de la joven pero ante aquellas sorprendentes palabras, la dejó donde estaba. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No voy a dejarte nunca, mi amor, me sería imposible te amo demasiado como para ser capaz de separarme de ti. Ya sé que tú todavía no tienes claro lo que… espera un segundo ¿puedes repetirme lo que acabas de decir? </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">La joven lo miró un tanto sorprendida, sin saber exactamente a que se refería y porque se había interrumpido de una manera tan abrupta. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- No dije nada, solo te pedí que no me abandonases, que me ayudases a creer en la felicidad ¿te referías a eso? </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">El joven negó con firmeza, estaba casi seguro de que ella casi había dicho las palabras que tanto ansiaba oír de sus labios. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">-No, no, lo último que dijiste… bueno, no lo dijiste exactamente más bien lo diste a entender. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Al fin la pelirroja comprendió a donde quería llegar el joven y sonrió con dulzura, sabía que no iba a arrepentirse de lo que estaba a punto de decir. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- ¿Qué te amo? ¿Es eso a lo que te refieres? – preguntó divertida. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Como toda respuesta recibió un efusivo y rápido beso. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Si, creo que era eso a lo que te referías. Creía que ya lo habías adivinado. Ha sido un alivio saber que, después de tanto tiempo fingiendo odiar todo lo relacionado con el amor y de fingir odiarte, al fin puedo decirte lo que siento sabiéndome correspondida. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">El joven sonrió a su vez, feliz de saber que ella había recuperado al menos una parte de la felicidad que había perdido en los últimos meses. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Puedes estar segura de que eres plenamente correspondida. Nunca me cansaré de decirte lo mucho que te quiero y jamás me cansaré de oírlo de tus labios. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">- Ni yo de los tuyos, mi amor, ni yo de los tuyos. </span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">Sin que la brisa marina dejase de alborotarles la ropa y el pelo, continuaron abrazados un rato hasta que él no pudo resistir más la tentación y volvió a unir sus labios a los de ella. El sufrimiento había terminado para ambos.&#8221;</span></p>
<p><span style="font-family:Times New Roman;font-size:small;">(*Se cierra el telón*) </span></p>
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		<title>Áine (6 y último)</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Oct 2011 11:38:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Después de esta entrada, lo más probable es que desaparezca por una temporada. Tengo poco tiempo libre, me temo, y lo más probable es que hasta noviembre no empiece a recordar lo que es respirar. Intentaré pasarme, pero no prometo nada. *** —No hay nada en esta sala que quisiese para mí. Al menos, no [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=338&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de esta entrada, lo más probable es que desaparezca por una temporada. Tengo poco tiempo libre, me temo, y lo más probable es que hasta noviembre no empiece a recordar lo que es respirar. Intentaré pasarme, pero no prometo nada.</p>
<p>***</p>
<p>—No hay nada en esta sala que quisiese para mí. Al menos, no lo había hasta hace un momento.</p>
<p>Su halago causó el efecto esperado: no solo me azoré, sino que sentí cómo algo prendía en mi estómago. Un furioso aletear de mariposas se desplegó en mi interior y me hizo cosquillas.</p>
<p>—Mi padre ha perdido su anillo y quiero pensar que está en algún lugar de esta sala… —se apresuró a explicarme, antes de que yo pudiese entablar una conversación.</p>
<p>Me ofrecí a ayudarle en la labor, pese a su insistencia en que no era trabajo para una reina. Yo suspiré, recomponiéndome rápidamente, acallando los instintos que me decían que podía gritarle que, soberana absoluta o no, la sangre seguía corriendo por mis venas y continuaba necesitando aire para vivir. En lugar de eso, me agaché para hacer mi voluntad.</p>
<p>Al principio de la búsqueda le siguieron un par de minutos de incómodo silencio.</p>
<p>—¿No podíais dormir?</p>
<p>Pensé que tal vez mi corazón había sentido su presencia y se había negado a sumergirse en el sueño sin verlo antes.</p>
<p>—Como tú —respondí tras una breve pausa—. ¿O es que pierdes horas de sueño por cada objeto que se pierde en tu casa?</p>
<p>Soltó una breve carcajada baja. Su risa tenía el poder de aliviar el alma de sus cargas y darle alas para que volara ligera. Me gustaba. Siempre me había gustado. Su mano, tan cerca que solo tenía que estirar la mía para tocarla, buscaba por el suelo, sin fiarse de la imperfecta visión, enturbiada por las sombras agazapadas y el cansancio.</p>
<p>—Mi madre le regaló esa joya a mi padre poco antes de casarse. Es uno de los pocos recuerdos que conserva de ella. Perder el anillo equivaldría a perderla a ella, de alguna manera, ya que no puede tenerla a su lado ahora.</p>
<p>Apreté los labios, conmovida por el amor que, según prometía la voz de Hayes, se habían prodigado. Un amor que aún vivía en los recuerdos de aquel hombre e incluso en los de su hijo. Él comprendía el dolor, el suplicio de no poder estar al lado del ser querido. ¿Entendería también mis penas, si se las explicaba? No eran tan diferentes, solo que el receptor de mis anhelos nunca había llegado a ser mío más que en mis sueños. Cogí aire y me atreví a forzar el roce de nuestros dedos meñiques. Su piel era áspera, tal y como había supuesto. Lo sentí tensarse.</p>
<p>—Lo que haces es muy loable. Siempre estás pendiente de tu padre…</p>
<p>—No tengo mucho más que hacer —murmuró, aunque su mano, sorprendentemente, no se alejó de la mía.</p>
<p>Una parte de mí suspiraba por él. Temí que pudiera atisbar mis verdaderos sentimientos en mis ojos, en mis labios levemente fruncidos. En mi fuero interno habría querido que me contestara que lo hacía para visitar el castillo. Para verme.</p>
<p>—¿No hay aún ninguna muchacha que haya llamado tu atención? También deberían interesarte esas cosas.</p>
<p>Me regañé a mí misma por semejante indiscreción. Era consciente de que se podría haber enfadado y, sin embargo, lo vi sacudir la cabeza. Sus cabellos rojos, cortos, destellaron con la luz de los candelabros que iluminaban estratégicamente la habitación. Titubeó. A pesar de su cercanía, yo lo sentía lejos, ajeno a mí, a unos intentos de acercarme, que me herían profundamente.</p>
<p>—Ya hay una ocupando mi corazón.</p>
<p>Creí escuchar el sonido del cristal al romperse cuando mis latidos se detuvieron. Sé que el color huyó de mi rostro, dejando pálidas mis mejillas, mientras el silencio contaminaba la estancia y me llenaba de desolación. Mis dedos se apartaron de los suyos. Yo misma me vi en la obligación de escapar, como si temiera que fuese a leer mis pensamientos y ver el horror que ahora me arañaba por dentro. ¿Quién era ella? La pregunta se posó sobre mi lengua, pero me vi incapaz de pronunciarla. Todo lo que alcancé a proferir fue un gemido que convertí a tiempo en un ruido de asentimiento, como si comprendiera.</p>
<p>—Pero ella no me ama a mí —prosiguió. Quise suplicarle, en aquel mismo instante, que no siguiera hablando, aunque sabía que era imposible que mi voz acudiese en mi rescate—. Se aleja de mí, como yo lo hago de ella.</p>
<p>Para entonces, le daba la espalda, rehuyendo su mirada. No pude evitar pensar en las veces en las que había creído perderle, con su vista clavada en el suelo y sus palabras disipándose en el laberinto de nuevos eventos condenados a separarnos: mi coronación, mi boda. El abismo se hacía ahora más grande, más terrorífico.</p>
<p>—¿Cómo estás tan seguro de que no te quiere? ¿No te hace daño, alejarte de ella?</p>
<p>—Nuestro amor es imposible, así que no tengo más remedio. No tengo el derecho a luchar por ella.</p>
<p>—Entonces quizá no estás enamorado de verdad.</p>
<p>Cuando me volví para encararlo, no sin un titubeo, parecía profundamente ofendido. Fruncía el ceño, lo que había traído algunas arrugas a su pálida frente. Las sombras pasaron sus dedos por sus pómulos y finalmente se deslizaron hasta su mentón, para cogerlo de la barbilla y besar los mismos labios que yo había observado tantas veces, a escondidas, con fascinación. La determinación en esos ojos brillantes me sobresaltó.</p>
<p>—Que sea un cobarde no significa que mi amor no sea real, majestad.</p>
<p>Maldije mi título en silencio, que prohibía a mi nombre deslizarse fuera de su boca.</p>
<p>—¿Cómo estás tan seguro?</p>
<p>—Porque no hay ninguna otra cosa, ninguna otra persona, que fluya así en mis pensamientos. En mi mente, he recorrido cada rasgo de su rostro hasta hacerla mía —murmuró, tras un silencio pensativo. Agachado ante mí, a mis pies, como el más humilde de los súbditos, como el más entregado de los fieles, cerró los ojos y se dedicó a la contemplación que no necesita de los sentidos, tan imperfectos. Comprendía perfectamente sus sentimientos: yo misma me había sumergido en sueños de vigilia cuando me lo había imaginado hablándome, besándome, abrazándome—. En mi mente, he tomado su cara entre mis dedos y la he hecho suspirar perdido en su observación. He abierto mi pecho en esos sueños y le he entregado mi corazón latiendo por ella. Se lo he dado todo y ella, inmensa y todopoderosa, se ha convertido en la única diosa a la que quiero adorar. Me tomaréis por estúpido, pero sé que es a ella a quien quiero. Reíros si gustáis, majestad, pero no dudéis de mi entrega, porque no ha habido jamás amante más fiel que este loco enamorado.</p>
<p>Me quedé sin aliento al verle entornar los párpados para sondear mi reacción. Mis pálpitos se dispararon en una carrera precipitada que se apretaba dolorosamente contra las costillas. Apenas pude recordar cómo se respiraba.</p>
<p>—Pero ella no lo sabe —acerté a decir cuando recuperé la voz, hechizada.</p>
<p>—Y no debe hacerlo, porque la pondría en un compromiso.</p>
<p>Supe, de pronto, que se refería a mí. No fue un ataque de egocentrismo. Me lo dijeron sus ojos. Aquellas dos monedas de oro se posaron sobre mí y me acariciaron con un tacto invisible hasta que sentí que podría morir de felicidad en unos brazos que nunca me habían arropado, en realidad. Entreabrí los labios. El dolor del pecho me mataría, si no lo hacían las ganas de abrazarle. Cogí aire y titubeé. ¿Quién podría negarse a él, a sus palabras, a su declaración?</p>
<p>—Dilo. Di mi nombre…</p>
<p><em>Dilo y seré tuya. Dilo y que se cierre este abismo, que caiga este muro invisible que nosotros mismos nos hemos impuesto.</em></p>
<p>Cuando lo pronunció, sin dudar, me sonó a música. Me di cuenta de que había estado perdida. De que durante los meses anteriores, después de manchar las sábanas con la sangre de mi palma, había vagado sin rumbo, a tientas por un largo pasillo que no tenía final. Pero entonces, de pronto, con su llamada, recuperé la orientación. Me encontré a mí misma. Y él estaba allí para darme la bienvenida a una hermosa realidad soñada.</p>
<p>—Áine.</p>
<p>En sus labios hallé el refugio que había estado buscando, incluso sin saberlo.</p>
<p>En sus labios se fundieron los besos con mis lágrimas.</p>
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			<media:title type="html">R.L. Moonlight</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>*La caja música*</title>
		<link>http://palabrasmagicas.wordpress.com/2011/10/04/la-caja-musica/</link>
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		<pubDate>Tue, 04 Oct 2011 15:09:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sophie18</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Day*]]></category>

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		<description><![CDATA[(Se abre el telón) S: Como no me gusta cargar a mi compañera con todas las actualizaciones aquí me teneís. Como siempre los protagonistas de lo que vais a leer son Holly y Matt. Antes de que empeceís a leer lo mejor es que sepaís que quizás algún día forme parte de una historia más [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=335&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>(Se abre el telón)</p>
<p>S: Como no me gusta cargar a mi compañera con todas las actualizaciones aquí me teneís. Como siempre los protagonistas de lo que vais a leer son Holly y Matt. Antes de que empeceís a leer lo mejor es que sepaís que quizás algún día forme parte de una historia más larga en la que en un principio ellos creerían ser hermanos pero que va a resultar en que Matt no es hijo de los padres de Holly, de ahí que terminen formando una pareja.</p>
<p>Dicho esto, creo que lo mejor es que os deje juzgar por vosotros mismos.</p>
<p>&#8220;</p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Sus pasos se dirigieron seguros al rincón de la estantería donde sabía que encontraría lo que estaba buscando, era inevitable que todo le temblase, no podía creer que Matt hubiera encontrado una manera de repararla. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Cuando al fin logró sostenerla entre sus manos, estas dejaron inmediatamente de temblar como si pudieran temer romperla. La pelirroja admiro por enésima vez aquella pequeña obra de arte que había pertenecido a su progenitora. Lentamente se acercó con aquel preciado objeto sujeto firmemente, a la mesa que ocupaba el centro de aquel improvisado desván. Una vez que la hubo depositado en la plana superficie, le levantó la tapa casi sin poder creer que después de tanto tiempo por fin podía ver el mecanismo funcionando como antaño. Colocó a los bailarines sobre el imán que se encontraba bajo la lacada superficie del espejo y le dio cuerda. </span></p>
<p><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">Las primeras notas del estribillo de la conocida canción sonaron deleitándola, lo que no esperaba era la voz que termino acompañándolas.  </span></span></p>
<p><span style="font-size:small;"><span style="font-family:Times New Roman;">“You light up my life; you give me hope to carry on. You light up my days and fill my nights with songs.” </span></span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El joven se había acercado a ella y la había tomado por la cintura suavemente para susurrarle aquella canción que tanto significaba para la pelirroja y que también debía haber significado algo para su madre puesto que había mandado hacer aquella caja de música. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- ¿Conoces la historia que esconde? – preguntó el joven enigmáticamente. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">La pelirroja se giró todavía entre sus brazos para mirarle algo sorprendida por la pregunta. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Eso creo. Si no recuerdo mal, esta era la canción favorita de mamá, por eso decidió mandar hacer una caja de música con esta melodía encerrada en ella. Recuerdo vagamente a mamá tarareándola mientras trabajaba o para que nos quedáramos dormidos. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Matt sonrió, ella no estaba equivocada pero aquella no era toda la historia. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- No vas desencaminada pero todo tiene su trasfondo. Verás, el día en que tus padres, nuestros padres, se conocieron sonaba esa misma canción por lo que se convirtió en su melodía. Asimismo, papá hizo que un grupo de violines y un pianista la tocaran el día en que le pidió a mamá que se casara con él. Por supuesto, también fue la canción con la que inauguraron el baile de su boda. El día en que nuestra madre supo que estaba embarazada de ti, le tocó esta misma canción a papá para darle la noticia y más tarde se convirtió en nuestra nana. Para ellos era una canción muy especial, supongo que era su forma de decirse que se iluminaban la vida el uno al otro, igual que tu iluminas la mía, por eso para mí también es importante. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Las lágrimas de emoción pugnaban por salir de los ojos de la pelirroja pero ella las contuvo. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Ha sido todo un detalle que encontrarás quien la arreglase, amor, después de todo esto no puede ser nada fácil para ti tras haberte enterado de que no eres un Evans. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- No lamento en exceso no serlo, amor mío, ya que eso me facilita el estar contigo aunque ciertamente ya nada lograría separarme de ti, Holly Marie Evans. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Yo tampoco podría alejarme aunque quisiera, amor. Te has metido muy dentro de mi. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">La joven colocó su mano sobre su propio corazón tratando de ilustrar sus palabras. El joven tomó la mano de la pelirroja y la colocó junto a la suya junto a su corazón en lugar del de ella. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Y tú de mi princesa. Por eso me encantaría tenerte toda mi vida a mi lado, despertar contigo, ver el amanecer reflejado en tu rostro todavía somnoliento, poder decirte “te quiero” sin importar ni el momento ni el lugar, poder perderme en tus ojos esmeralda como si de un laberinto se tratase para no encontrar nunca la salida, en definitiva ¿querrías casarte conmigo, Holly Marie Evans? </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Una sonrisa se dibujó en el rostro de la joven que se vio incapaz de pronunciar una sola palabra. Aunque para él aquella sonrisa era respuesta suficiente, deseaba una confirmación más activa por su parte. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Esa confirmación no tardo en llegar, la vio sin confusión posible cuando la joven se alzó en la punta de los pies y depositó sus labios sobre los suyos. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Cuando se separaron, el joven la miró levantando una ceja inquisitoriamente como si la respuesta no hubiera sido todo lo que esperaba. Ella sonrió y en lugar de besarle de nuevo le dijo unas enigmáticas palabras. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Tú también iluminas mi vida. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El joven sonrió y volvió a tomarla entre sus brazos. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Supongo que eso es un si ¿no? </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">La pelirroja se separó de él lo suficiente para mirarlo a los ojos y responderle. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">- Puedes estar seguro de ello. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Se sonrieron, no tenían prisa. Iban a compartir el resto de sus vidas, iluminándose los días el uno al otro. </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Finalmente sus labios volvieron a unirse sellando así una promesa, muy pronto estarían juntos para siempre y ya nada ni nadie podría volver a separarlos.&#8221;</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">(Se cierra el telón) </span></p>
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		<item>
		<title>Áine (5)</title>
		<link>http://palabrasmagicas.wordpress.com/2011/09/25/aine-5/</link>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 09:46:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Dawn*]]></category>

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		<description><![CDATA[Os lo creáis o no, aún sigo viva. *** Durante los meses que siguieron a aquella primera noche, los días pasaron en una calma artificial. Pronto me encontré durmiendo de nuevo en mi alcoba, con la felicidad que implicaba regresar a la calidez y protección de mi infancia. La herida de mi mano se cerró [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=332&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Os lo creáis o no, aún sigo viva.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Durante los meses que siguieron a aquella primera noche, los días pasaron en una calma artificial. Pronto me encontré durmiendo de nuevo en mi alcoba, con la felicidad que implicaba regresar a la calidez y protección de mi infancia. La herida de mi mano se cerró y sanó, como era de esperar, y nadie me preguntó nunca cómo me la había hecho, bien oculta como estaba por las mangas de mis vestidos. Sin embargo, aunque para mí todo se hallaba en su legítimo estado de perfección y serenidad, sabía que las criadas murmuraban a mis espaldas. Pronto descubrí que todos en palacio lo hacían. No era ningún secreto que sus reyes no dormían juntos y eso, de alguna manera, les impresionó, causando una ansiedad silenciosa cuando los dos estábamos en una misma habitación. No me importó. Yo estaba cómoda en mi cuarto e Ibran nunca me pidió que fuera hasta su cama, así como no tuvo interés en venir a la mía. Desconocía si tenía una amante, lo cual era probable. De todas formas, el posible adulterio del hombre con el que me habían obligado a casarme no era algo que me quitara el sueño.</p>
<p>En cambio, las visitas de Hayes al castillo sí que tenían una innegable influencia sobre mí. No era extraño verlo por palacio, ya que su padre formaba parte de mi gabinete de consejeros. Yo aprovechaba esas ocasiones para mirarlo, cuando creía que no se daba cuenta, como había hecho tantas veces antes, siempre entre la seguridad de mis pestañas. La frialdad que ya había percibido antes de la boda se tornó en helada agonía. Ya nada era como antes entre él y yo: mientras que en los viejos tiempos siempre se había dirigido a mí como <em>princesa Áine</em>, con ese tono encantador entre el descaro y la adoración; ahora ya nadie decía mi nombre. Anhelaba que alguien me recordase que era una persona como ellos, algo más que simplemente <em>Su Majestad</em>, que se convirtió en la única expresión que conseguí arrancar de sus labios. Las reverencias de mi enamorado no eran ya insolentes. Nuestros ojos no se cruzaban, a pesar de que rezaba a las estrellas todas las noches para que él se diese cuenta de que estaba allí, de que era real. Nuestros besos imaginarios, nuestras mil palabras no dichas, dejaron de acudir a mi mente y cayeron en el terrible olvido.</p>
<p>La palabra “reina” pasó a ser, a partir de entonces, un sinónimo de “soledad”.</p>
<p>En esos días, las horas de sol pasaban sorprendentemente rápido, pero las noches se convertían en lentas torturas porque el sueño no venía a buscarme. En una de ellas, cuando la luna estaba más cerca de lo acostumbrado, hinchada y rosada como las frutas que se recogerían ese verano, me sentía demasiado inquieta para permanecer tumbada en mi cama. Habían pasado tres estaciones desde mi subida al trono. La oscuridad estaba rota por los rayos argénteos, conteniendo las sombras en los rincones más apartados. Me levanté. El suelo estaba frío, como siempre. Con un chal cubriendo mi camisón y el cabello suelto a mis espaldas, recorrí los pasillos de palacio como un fantasma y observé cada secreto nocturno a la pálida luz del firmamento, como creí que nunca antes los había contemplado nadie.</p>
<p>Mis pasos me condujeron hasta la biblioteca: una estancia circular que podría albergar a un gigante, con su única pared cubierta por una sola estantería construida, me pareció, para albergar todos los libros del mundo. La única ventana, diminuta en comparación con el desmedido alto del techo, dejaba que las estrellas se asomasen, curiosas, al interior. Me sorprendió comprobar que los candelabros aún ardían sobre la mesa, a pesar de que deberían haberse consumido hacía ya mucho. Entorné los ojos y lancé un rápido vistazo alrededor, para darme cuenta de que había alguien debajo de la mesa, buscando algo.</p>
<p>La puerta se cerró con más estrépito del que había deseado y Hayes alzó la cabeza, sobresaltado, y se golpeó contra el borde de la madera. No pude reprimir una sonrisa de la que también escapó una suave risa. Bajé los ojos, a modo de disculpa, casi en el mismo instante, ocultando así el brillo divertido en ellos.</p>
<p>—Tendrás que perdonar, no pretendía asustarte.</p>
<p>El muchacho salió de su extraño escondite y se puso en pie, sacudiéndose la ropa. Hizo una profunda reverencia. Se miró los pies un segundo, en ese gesto que tanto había aprendido a odiar. Durante un instante casi soñado, sus iris dorados se atrevieron a volverse monedas de oro que pagaron tributo a mi figura. Me di cuenta, no sin fascinación, que estábamos completamente solos. Me sentí, de pronto, como si estuviera desafiando a la justicia, rebelándome contra todo lo que conocía.</p>
<p>—Y yo no pretendía arrancaros una sonrisa —confesó—. Pero me alegro de que haya sido así. Hacía mucho que no os veía reír.</p>
<p>La sangre se me subió al rostro. Las mejillas me ardían y, sin embargo, no conseguí arrancar el gesto de felicidad que se había instalado en mi expresión. Eso demostraba que quizá no le fuera tan indiferente, después de todo, si tan atento estaba a los gestos de mis labios. Obvié que me trataba con todo el respeto, apelando a la cortesía y al orden natural en la escala social. Yo, en cambio, encontraba un incalculable placer en poder tutearle:</p>
<p>—¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Pensabas robarnos?</p>
<p>Él rió en respuesta, negando con la cabeza. Sus ojos se fijaron en los míos con un descaro que ninguna persona antes había demostrado. Un latido y él fue de nuevo aquel muchacho que contemplaba a su princesa sin miedo y rozaba su mano contra la mía cuando yo me acercaba a él con el mismo propósito en mente. Pronto se dio cuenta de su pecado, no obstante, obligándose a apartar la mirada.</p>
<p>—No hay nada en esta sala que quisiese para mí. Al menos, no lo había hasta hace un momento.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasmagicas.wordpress.com/332/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasmagicas.wordpress.com/332/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=332&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">R.L. Moonlight</media:title>
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		<title>Áine (3)</title>
		<link>http://palabrasmagicas.wordpress.com/2011/09/16/aine-3/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Sep 2011 11:29:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Dawn*]]></category>

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		<description><![CDATA[Sé que perdonaréis la irregularidad de actualización a partir de ahora. Estoy hasta arriba de trabajo y me voy muriendo lentamente. Aprovecho este día &#8220;libre&#8221; para seguir con la historia (que aunque solo sea copiar y pegar, necesito tiempo). *** —Déjame, por favor. Mi súplica, aunque murmurada en un hilo de voz, pareció llegar a [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=330&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sé que perdonaréis la irregularidad de actualización a partir de ahora. Estoy hasta arriba de trabajo y me voy muriendo lentamente. Aprovecho este día &#8220;libre&#8221; para seguir con la historia (que aunque solo sea copiar y pegar, necesito tiempo).</p>
<p>***</p>
<p>—Déjame, por favor.</p>
<p>Mi súplica, aunque murmurada en un hilo de voz, pareció llegar a sus oídos. Sus caricias se detuvieron y yo suspiré con obvio alivio. Sabía que él podía reclamarme como suya en ese mismo momento. No por el hecho de que estuviéramos casados, sino porque yo no era contrincante para él. Sin armas con las que defenderme —y estaba segura de que no había nada en aquel lecho que pudiera servir a tal propósito, a parte de mis uñas—, no era más que una muchacha más, asustada y aún agarrotada por el sueño.</p>
<p>—¿Dejarte? ¿Es que acaso no eres mi legítima mujer ahora?</p>
<p>Me humedecí los labios y asentí, sin mirarle, avergonzada. Que lo fuera no conllevaba que fuera a darle los placeres que él quería. Solo lo había aceptado en mi vida por la simple razón de que me lo habían impuesto como condición para mi gobierno. Durante los últimos meses me había dado cuenta de que amaba demasiado a mi pueblo como para dejarlo a su merced: esa fue la razón de que me quedase en palacio, entonces y en los años que vendrían.</p>
<p>—Dime entonces qué debería hacer, cuando todos esperan que te tome esta noche y convierta nuestra unión en completa —susurró, aunque no había verdadero pesar en su voz.</p>
<p>Mis brazos actuaron por cuenta propia cuando se alzaron para cubrir mi desnudez. Sus ojos apenas se fijaron en mi vulnerabilidad, a pesar de que la luz incidía sobre mí y las sombras no eran suficientes para ocultar que ya no era ninguna niña.</p>
<p>—Nadie tendría por qué saberlo —razoné.</p>
<p>No sabía qué hacer. A pesar de que no quería ver su rostro, necesitaba hacerlo. Quería observar su expresión, adivinar su disposición para cumplir mi petición. ¿Qué hombre en sus cabales dejaría pasar la noche de bodas sin tocar a su supuestamente afortunada novia? Descorazonada, no encontré nada en su cara que me avisara de su interés por los tesoros que podría encontrar bajo la zona de mi figura que aún estaba prudentemente oculta.</p>
<p>—Mañana verán que no hay sangre entre las sábanas. O dudarán de tu honra o sabrán que yo no he cumplido con mi deber. A menos…</p>
<p>El filo de una daga apareció entre sus ropas sin previo aviso. Di un respingo. Durante un instante, fugaz pero intenso, la idea de que iba a hundirla en mi corazón y asesinarme allí mismo, en mi propio lecho nupcial, atravesó mi mente. El momento fue efímero. En vez de eso, dejó el cuchillo entre las sábanas y se irguió, apartándose un par de pasos justo después. Las dudas me atacaron. ¿Qué pretendía? La pregunta se hizo eco en mis labios y me di cuenta de que la había pronunciado en voz alta.</p>
<p>—Eres lo suficientemente lista como para saber lo que tienes que hacer.</p>
<p>¿Lo era? Titubeé, pero las sombras parecieron tragárselo y yo me quedé con la palabra en la boca. Con un susurro de tela, se escabulló fuera del dormitorio y cerró la puerta. Me quedé completamente sola.</p>
<p>Me levanté con rapidez, tropezando con el bajo de mi camisón, y corrí a girar la llave en la cerradura. Al apoyarme contra la madera de la entrada, tibia en comparación con el helado suelo, me apresuré a recuperar la compostura. Devolví mi ropa a su legítimo lugar sobre mi cuerpo y até de nuevo las cintas, con unas manos temblorosas y húmedas que no parecían las mías. Estuve tentada de echarme a llorar pero, como había ocurrido durante todo el día, mi orgullo frenó las lágrimas y me las hizo tragar. ¿Por qué tanto miedo?, me reproché. ¿Por qué tanta indecisión? Me reprendí por mi falta de calma y me obligué a recordar quién era. Mi mente reprodujo con facilidad las palabras que tantas veces había escuchado de labios de otros: yo era la reina Áine, Estrella de Nryan, reino de los elfos. Mi isla era el templo de la ancestral magia élfica, el santuario en el que la guerra no osaba entrar. Mis tierras habían dado refugio a todos los que lo habían pedido, con la única condición de que la paz siguiese siendo suprema. Y Áine de Nryan, soberana indiscutible por herencia, no se amilanaba ante nada ni nadie.</p>
<p>Cogí aire y asentí para mí misma, sintiéndome un poco mejor. La solemnidad de mis pensamientos había surtido el efecto necesario y, en ese momento, nada podría haberme quitado la determinación. Tomé entre mis manos la daga y corté la piel de mi palma, dejando que la sangre fluyera con un dolor sordo, parecido a un pálpito. Las gotas tiñeron de carmín el blanco inmaculado de la ropa de cama. Una vez me sentí satisfecha con el resultado, me lavé la herida y la vendé con cuidado. Nadie debía ver ese vendaje al día siguiente, aunque si lo hacían podía recurrir a la excusa de que me había cortado. El puñal lo guardé entre mis ropas, procurando que el filo quedase bien envuelto, para que no hubiera un accidente.</p>
<p>Así me volví a dormir, sola y angustiada, en mi lecho nupcial, sabiendo que Ibran no había hecho aquello por simple amabilidad, sino porque, de alguna forma que no comprendía aún, la situación a la que me había empujado también le serviría a él de alguna extraña manera. Tenía planes. Y algo me decía que no quería averiguarlos.</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasmagicas.wordpress.com/330/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasmagicas.wordpress.com/330/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=330&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">R.L. Moonlight</media:title>
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		<title>Áine (2)</title>
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		<pubDate>Fri, 02 Sep 2011 14:01:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Dawn*]]></category>

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		<description><![CDATA[Lectores&#8230; Con un pesar en el corazón y el horario lleno de asignaturas que van a ir matándome lentamente&#8230; Feliz vuelta a clase. *** El día de la boda llegó y pasó. El vestido de novia fue reemplazado por un impoluto camisón. La luna trajo el desasosiego, mientras yo decía adiós a mi infancia de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=326&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Lectores&#8230; Con un pesar en el corazón y el horario lleno de asignaturas que van a ir matándome lentamente&#8230; </span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Feliz vuelta a clase.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">***</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">El día de la boda llegó y pasó. El vestido de novia fue reemplazado por un impoluto camisón. La luna trajo el desasosiego, mientras yo decía adiós a mi infancia de encierros y juegos y a mi cuarto, que para siempre sería mi refugio, santuario de mis sueños rotos y mis ilusiones sin confesar. De pronto me encontré perdida en un mundo que no era el mío: un universo de adultos, demasiado grande para que yo vistiera sus ropas llenas de responsabilidades y retos que no quería afrontar, porque sabía que traerían consigo una montaña de compromisos y dolor. ¿Qué iba a ser de mí a partir de ese momento? Todos a mi alrededor, con sus buenas intenciones y sus consejos, insistían en que mi esposo estaría a mi lado para apoyarme, pero yo aún no sabía si podía —y quería— confiar en él. Estaba segura de haber visto en él la avaricia, las ansias de posesión, aunque no fuera a mí a quien deseara tener en sus manos, sino solo lo que el título conllevaba. Me sentía como un objeto en su presencia, un bonito jarrón más que abandonar en una mesa o una estatua hermosa que lucir —siempre callada, quieta y orgullosa— ante los ojos de aquellos que no podían más que soñar con disfrutar de un rápido pero deslumbrante vistazo de ella.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">La alcoba estaba silenciosa y vacía cuando llegué, lo que acabó por causarme ansiedad. Solo me calmé un poco a base de ir y venir por el cuarto, enfriando mi ánimo con el aire nocturno que se colaba por las puertas entreabiertas del balcón. Las cortinas se agitaban al son de la brisa y la música, que aún seguía sonando en las calles de la ciudad. Probablemente, los festejos de mi mayoría de edad, así como los de la ascensión al trono y mi matrimonio durarían hasta que el amanecer despuntase en el horizonte.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Tantas alegrías en un mismo día deberían haberme complacido, mas yo no podía realmente compartir su algarabía. Imaginé a Hayes riendo y brindando en mi honor con alguna muchacha bonita, de sonrisa fácil, que le ofrecería sus labios para que enterrase en ellos sus besos y su cuerpo para que descansase en él sus manos. Me estremecí y me encargué de cerrar el espacio por el que el frío osaba introducirse. Durante un segundo, las lágrimas amenazaron con asaltar mis ojos, desquiciada por los pensamientos que yo misma había convocado para torturarme. Por pueril que fuera mi reacción, sin embargo, no podía acallar las dudas y la acusante certeza de que durante toda mi vida solo había obtenido de él la más absoluta indiferencia. Tragué saliva y me senté en el colchón.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Ignoro cuánto tiempo duró mi espera, allí sentada, adormeciéndome lentamente. En algún momento de la noche, consciente de que había sido abandonada por mi marido en nuestra primera noche, me deslicé entre las sábanas bordadas y apoyé la mejilla contra la fría y blanda almohada. Cerré los ojos y, aunque había prometido no dejarme vencer por el sueño, las emociones de aquel día habían sido demasiado intensas como para simplemente sacudirlas de mis hombros. Así, en algún punto de aquella larga vigilia, mis párpados cedieron y las estrellas dejaron caer los sueños sobre mí.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Me desperté sobresaltada, con la caricia de las mantas dejándome al descubierto y el frío nocturno traspasando la tela para adherirse a mi piel. El camisón se había enredado obstinadamente entre mis piernas blancas, a la altura de las rodillas. La situación tenía la textura de un sueño lejano, dándome la idea equivocada de que no era yo la que estaba en aquella cama, entornando los ojos, aún adormilada, para descubrir los secretos ocultos en las sombras. Unos dedos en mi espalda me hicieron dar un respingo, al tiempo que notaba cómo la leve presión de la prenda, en el pecho y la cintura, se deshacía en un suspiro al desanudarse las cintas que mantenían mi ropa en su sitio. Me tensé de inmediato, chocando duramente contra la realidad. Una respiración, un aliento suave con un leve olor a licor, me rozó la mejilla, luego la oreja. Hubo un beso en mi cuello, sobre la piel cálida. Algunos mechones ondulados fueron apartados de mi rostro con delicadeza.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">En la oscuridad, en esa penumbra de vela en la que las sombras se retorcían y yo solo podía contemplar mi propio cabello desparramándose sobre el colchón, alguien dijo mi nombre. Un escalofrío trepó por mi espalda. Me di cuenta de la súbita rigidez de mi cuerpo al notar el tejido abriéndose y siendo arrastrado lentamente hacia abajo. Un pálido hombro, teñido de dorado por la iluminación cercana, quedó a la vista.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—¿Así es como recibís a vuestro esposo, <em>majestad</em>?</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">Las manos de Ibran eran extrañamente suaves, con la delicadeza de quien nunca ha hecho nada por sí solo. Durante mucho tiempo había imaginado aquella noche con una mezcla incierta de excitación y miedo. Ahora que verdaderamente estaba ocurriendo me daba cuenta de que no había sido suya la cara que ponía a mis fantasías: noche tras noche, el hombre que me desnudaba con caricias tiernas —de manos ásperas y heridas por empuñar durante horas la espada— y me hacía el amor como mi marido era Hayes y no aquel ser de dedos fríos y largos. Intenté cerrar los ojos. Si me convencía a mí misma de que era <em>él</em>, de que su cuerpo estaba junto al mío, amándome como siempre había deseado en secreto… La ilusión no duró más allá de un par de segundos, cuando el camisón fue obligado a deslizarse hasta mi cintura. Cogí aire y me revolví.</span></p>
<p><span style="font-size:small;font-family:Times New Roman;">—Déjame, por favor.</span></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/palabrasmagicas.wordpress.com/326/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/palabrasmagicas.wordpress.com/326/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=326&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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			<media:title type="html">R.L. Moonlight</media:title>
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	</item>
		<item>
		<title>Don&#8217;t you cry</title>
		<link>http://palabrasmagicas.wordpress.com/2011/08/27/dont-you-cry/</link>
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		<pubDate>Sat, 27 Aug 2011 18:20:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>sophie18</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Day*]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Sorpresa! ¿A que esto no os lo esperabáis? &#8230; No os acostumbréis. Me temo que no he recuperado internet, sino que estoy &#8220;rateándoselo&#8221; a una conocida que tenemos en común (para más datos, sección Dawn [a.k.a. la que siempre actualiza]). Espero vuestras opiniones. Hasta la próxima. *** No necesitaba siquiera acercarse al instrumento que ocupaba [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=321&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Sorpresa! ¿A que esto no os lo esperabáis?</p>
<p>&#8230;</p>
<p>No os acostumbréis. Me temo que no he recuperado internet, sino que estoy &#8220;rateándoselo&#8221; a una conocida que tenemos en común (para más datos, sección Dawn [a.k.a. la que siempre actualiza]).</p>
<p>Espero vuestras opiniones. Hasta la próxima.</p>
<p>***</p>
<p>No necesitaba siquiera acercarse al instrumento que ocupaba el centro de la habitación para escuchar aquella melodía claramente, como si alguien estuviese sentado frente a él pasando con suavidad los dedos por las inmaculadas teclas. Aquella nana que tantas veces había logrado sumirla en un sueño profundo, se había quedado grabada en su memoria hasta tal punto que era capaz de tocarla sin miedo a equivocarse aunque nunca hubiese existido una partitura. ¿Era eso lo que muchos llaman memoria emotiva? Quizás. Lo era que  nunca había creído en eso pero empezaba a pensar que no podía tratarse de otra cosa. ¿Qué más podría lograr que las notas cobrasen vida intangiblemente? Con solo cerrar los ojos podía ver a su madre sentada frente a aquel mismo piano. Algunos podrían pensar que se trataba de  un absurdo, era casi imposible que la recordase con tanta claridad. Tal vez lograse evocar su recuerdo como si estuviera sucediendo de nuevo ante sus ojos debido al gran parecido existente entre ellas.</p>
<p>Un par de lágrimas silenciosas y traicioneras escaparon de sus ojos. ¡Como le hubiese gustado llegar a conocerla! Su abuela siempre le decía que podía ver a Katherine en ella. Cada vez que la veía acariciar el piano con nostalgia, siempre le repetía las mismas palabras alentadoras:</p>
<p>“Cada vez que te miro veo a tu madre en ti. Se cuanta falta te hace, cielo pero con el tiempo tú también llegaras a verla cuando te mires al espejo”</p>
<p>Probablemente tuviese razón y esa era la causa de que pudiera proyectar una imagen de su progenitora tan real que casi hubiera  creído poder tocarla.</p>
<p>Absorta en sus pensamientos no había sentido los silenciosos pasos de su novio hasta que la rodeó con determinación y suavidad a un tiempo en un abrazo cálido a la vez que reconfortante.</p>
<p>No necesitaba preguntar, sabía exactamente lo que pasaba por la cabeza de la pelirroja, aquella misma joven a la que un día creyó su hermana. No en vano había convivido con ella durante tantos años. Conocía perfectamente la expresión que se mostraba en su rostro cuando estaba melancólica y pensativa.</p>
<p>Al cabo de unos instantes sintió como ella apoyaba la cabeza en el hueco entre su hombro derecho y su cuello en señal de rendición.</p>
<p>Un suspiro fue todo lo que salió de sus labios, nada podía haberle dicho más que aquel simple gesto, fue la mejor manera de decirle que se sentía abrumada por los escasos recuerdos que tenía de su progenitora.</p>
<p>Muy lentamente el joven la separo de sí y la giró hasta que quedaron frente a frente. La tristeza que vio reflejada en los ojos verdes de su novia lo conmovió. Sobraron las palabras, nada de lo que pudiera decirle la hubiera consolado sin embargo pareció que la caricia espontánea e incluso inesperada fue el mejor bálsamo.</p>
<p>- Cariño, los pocos o muchos recuerdos que tengas de ella no son lo más importante. Que la mantengas viva con ellos es lo esencial. Sé que eso es lo que ella hubiera querido.</p>
<p>Lejos de tranquilizarla, aquellas palabras parecieron entristecerla más así que el joven hizo lo único que se le ocurrió en aquel instante: la acercó al espejo que ocupaba el fondo del pasillo.</p>
<p>- Mírate al espejo, amor, ¿Qué es lo que ves?</p>
<p>La muchacha dudó, últimamente odiaba mirarse en aquellas superficies inmaculadas, casi creía estar viendo a Katherine Evans en su lugar.</p>
<p>El joven la tomó suavemente por la barbilla y la obligó a levantar la vista.</p>
<p>- No tengas miedo a lo que puedas encontrar, cielo, solamente mira al frente y dime que es lo que ves.</p>
<p>Al ver como la joven dudaba, el muchacho la rodeo por la cintura y apoyó la cabeza en su hombro.</p>
<p>- Está bien, te diré yo lo que veo. Veo a una joven de cabellos de fuego y hermosos ojos verdes. Veo también la mujer hermosa y fuerte que espero se convierta en mi esposa.</p>
<p>Aquellas palabras quedaron unos instantes suspendidas en el aire hasta que la pelirroja fue realmente consciente de lo que implicaban. Por primera vez, levantó la mirada por decisión propia y lo miró a través del espejo. La sonrisa que se dibujaba en el rostro de Matt brillaba también en sus ojos. No podía distinguirlo con exactitud pero creía ver que escondía algo tras su espalda. Rápidamente se giró para mirarlo directamente a los ojos sin que hubiera un espejo de por medio.</p>
<p>- Matt…</p>
<p>El joven posó con delicadeza un dedo en los labios de ella para lograr silenciarla sin necesidad de palabras.</p>
<p>- Ni una palabra, princesa, soy yo quien debe hablar ahora. Te conozco como nadie lograra jamás hacerlo, sé cuales son tus virtudes y cuales tus defectos, sé exactamente que aspecto tienes nada más levantarte o cuando estás enferma, sé leer tus diferentes expresiones y miradas. Quizás eso no signifique mucho para otros pero para mi implica que he pasado los mejores años de mi vida a tu lado y me gustaría que fuese así durante el resto de nuestras vidas por eso, Holly Marie Evans, ¿me concederías el honor de pasar el resto de mi vida a tu lado, esta vez como tu marido?</p>
<p>Los ojos de la joven volvieron a inundarse pero en aquella ocasión fueron lágrimas de felicidad.</p>
<p>- ¿Realmente necesitas que conteste?</p>
<p>Le hubiera gustado escuchar el sí salir de sus labios pero la sonrisa que iluminó el rostro de la pelirroja fue toda la respuesta que necesitó.</p>
<p>Sin mediar una sola palabra más, el joven deslizó el anillo en el dedo anular de la pelirroja cerrando así un pacto que quizás hubiera estado escrito en sus destinos desde mucho antes de que ellos fueran conscientes.</p>
<p>***<br />
Nota de R.L. Moonlight: La segunda parte de la historia &#8220;Áine&#8221; se retrasa hasta la semana que viene, ya que alguien ha actualizado por mí.</p>
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		<title>Áine (1)</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 12:58:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
				<category><![CDATA[*Dawn*]]></category>

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		<description><![CDATA[Esta vez traigo algo diferente, porque, al fin y al cabo, todos sabemos que poner pedacitos de cosas que escribo no da mucha idea de&#8230; bueno, nada. Así que me he decidido a dejar una &#8220;pequeña&#8221; historia por partes, para vuestro ¿deleite? Tranquilos todos (ni que fueráis muchos), está acabada, así que no me haré [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=316&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta vez traigo algo diferente, porque, al fin y al cabo, todos sabemos que poner pedacitos de cosas que escribo no da mucha idea de&#8230; bueno, nada. Así que me he decidido a dejar una &#8220;pequeña&#8221; historia por partes, para vuestro ¿deleite? Tranquilos todos (ni que fueráis muchos), está acabada, así que no me haré de rogar al colgarla (nada de un mes sin actualizar o dejaros a medias). Disfrutad.</p>
<p>***</p>
<div>No sé en qué momento dejó de serme indiferente, en qué momento su voz se convirtió en lo único que quería escuchar, sus manos en lo único que quería tocar, sus ojos en lo único que quería ver. Aunque me lo propusiera, no podría fechar ese instante en el que me di cuenta de que su presencia era un bálsamo, ese lapso de tiempo en el que descubrí que estaba perdida e irremediablemente enamorada de él. No fue, de todas formas, un cambio repentino: el amor no se forja en lo que dura un latido o en una sola mirada. Mi corazón, por lo tanto, no cambió de un día para otro.</div>
<p>Lo observé crecer en la distancia, desde mi balcón, persiguiendo o buscando a otros niños en sus tardes libres. A veces simplemente hablaban o reían. En otras ocasiones, con espadas de madera, se batían en duelo por el honor de una inexistente princesa. Yo, presa en mi alta torre de palacio, añoraba formar parte de sus inocentes diversiones, aunque mis deseos siempre se quedaban en sueños que volaban torpemente, como aviones de papel, e iban a encontrar un violento final contra el inamovible y real suelo. No tardé en comprender que ellos eran libres, mientras que yo estaba enjaulada, de alguna forma, en una bonita prisión de oro y plata a la que todos llamaban “Corona”. Todos mis intentos de escapar fueron inútiles: condenada, atendía a mis lecciones interminables, en las que ni siquiera podía concentrarme, porque lo escuchaba a él luchando en el jardín contra otros más altos y fuertes. Como todo el mundo, terminé por aprender que, cuando tuviera la edad necesaria, se convertiría en un caballero, atado el honor y a la protección de algún noble.</p>
<p>En el momento en que yo me convirtiera en adulta, en cambio, me casaría con un desconocido y reinaría sobre Nryan como soberana absoluta. A partir de ese momento estaría atada a la justicia y la imparcialidad, con palabras como “responsabilidad” y “deber” rondando mi presencia como pájaros carroñeros.</p>
<p>Mi secreto amor, por quien yo suspiraba —aún sin saber todavía la profundidad de mi sentimiento—, se convirtió pronto en un muchacho apuesto. En mi inocencia, empecé a buscarlo con todo mi ser, cada vez que él entraba en el castillo. Así fue cómo me las ingenié para fingir casuales encuentros. Tragándome mi orgullo, pretendía tropezar justo delante suya, en un intento de conseguir un soñado abrazo y, de paso, que se fijase en mí. Más de una vez concebí las más inverosímiles excusas para caminar tan cerca de él que nuestras manos se rozaban en un suspiro del que solo los dos éramos conscientes.</p>
<p>Inspirada por mi propia imaginación, también comencé a leer entre líneas: cada una de sus sonrisas se transformó en una declaración de amor. Sus reverencias, por otra parte, sorprendentemente caballerosas a pesar de la insolencia de mirarme en secreto mientras las hacía, eran besos con mi nombre escrito que, a mi pesar, se quedaban invariablemente en sus labios. Nuestras conversaciones nunca eran largas pero, quizá por esa razón, yo las atesoraba en mi mente y por la noche, cuando mis ojos se negaban a cerrarse, rememoraba cada palabra. A partir de nuestros encuentros, jugaba a suponer las distintas reacciones a las posibles contestaciones que podría haberle dado, dando pie a los múltiples e imposibles desenlaces. En todos ellos, al final, cayendo en la inevitable y cruel realidad, me resignaba a separarme de él, prometiéndome a mí misma que la próxima vez sería diferente.</p>
<p>Fueron días felices a pesar de mi anhelo secreto, que se iba convirtiendo en fuego y me consumía por dentro con la lentitud del corazón condenado a esperar.</p>
<p>Fueron días felices hasta que una sombra nueva tomó el castillo y sus corredores.</p>
<p>Ibran era el nombre de aquel que me habían impuesto. Desde el principio me propuse odiarle: aún sin conocerlo se ganó mi enemistad por el simple hecho de que no era el hombre al que deseaba. Lo trataba con fría cortesía y, en respuesta, así lo hacía él. No tenía interés en mí, en mi belleza o en mi conversación: lo único que parecía llamar su atención era el inmenso castillo y las prósperas tierras de mi reino, que inspeccionaba en los mapas y cuadros con ojos codiciosos.</p>
<p>Su presencia lo llenaba todo, opresiva, dejándome sin aliento y sin espacio. La fecha del matrimonio colgaba sobre mí como una condena de muerte por un crimen que no había cometido: pronto comprendí que era el último de los grilletes que me encadenaría al trono. Quería gritar, decirles a todos que me dejasen ir, que todo lo que me pertenecía pasaría a Ibran, si eso era lo que querían: yo sería feliz en alguna otra parte, con alguna otra persona… pero ni siquiera podría ser con <em>él</em>, con mi enamorado, que notaba más distante con cada día que tachaba en el calendario. Ahora sus ojos no se encontraban con los míos cuando me dedicaba sus reverencias, sino que contemplaban el suelo con creciente obstinación. Ya no había sonrisas de verdad, que de pronto encontré frías, simplemente cumplidoras. Al mismo tiempo, cada vez que intentaba alcanzar su mano, la suya se apartaba de mí con tanta presteza que no quedaba duda posible del odio que había nacido en sus entrañas.</p>
<p>A menos, claro, que nunca me hubiese amado y yo, soñadora, hubiera estado ciega hasta ese momento.</p>
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		<title>Otros tiempos</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Aug 2011 08:59:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>R.L. Moonlight</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un poco tarde esta semana, pero aquí estoy de nuevo dando la lata. *** Hubo un tiempo, ya muy lejano, en el que la magia visitaba la Tierra. Un tiempo de paz, de alegría. Un tiempo en el que las hadas caminaban descalzas por bosques lejanos y los elfos ofrecían a los hombres regalos que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=palabrasmagicas.wordpress.com&amp;blog=4124753&amp;post=314&amp;subd=palabrasmagicas&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un poco tarde esta semana, pero aquí estoy de nuevo dando la lata.</p>
<p>***</p>
<p>Hubo un tiempo, ya muy lejano, en el que la magia visitaba la Tierra. Un tiempo de paz, de alegría. Un tiempo en el que las hadas caminaban descalzas por bosques lejanos y los elfos ofrecían a los hombres regalos que los protegían y les daban poder. Un tiempo, casi sepultado en el olvido para muchos, en el que las mariposas podían ser feéricos y, si te perdías en la noche, otras luces que no eran estrellas podían aparecer para iluminar tu camino.</p>
<p>Hubo un tiempo en el que la gente creía y todo era posible.</p>
<p>Mamá dice que los humanos no lo recuerdan. Que se han vuelto egoístas y se pierden en sus propios pensamientos, en tareas que creen que son importantes, aunque en realidad no es así. Fue ella quien nos habló de árboles muertos por avaricia y niebla artificial rozando los tejados de las casas. Fue ella quien nos contó las miserias de hombres y mujeres que morían en las calles asesinados por sus propios hermanos. Fue ella, con su rostro inmutable y el mismo tono que utilizaba para contarnos los más hermosos cuentos, quien nos advirtió de los peligros y nos explicó por qué nadie más cruzaría nunca al otro lado.</p>
<p>Nos dijo que los humanos que habitaban la Tierra ya no nos adorarían más: habían cambiado.</p>
<p>—Cuando su mundo era joven —había dicho, y su voz aún resuena en mis oídos, cuando pienso en ello, tarde en la noche— aún eran inocentes. Ahora, sin embargo, han crecido y se han corrompido. Si supieran de nuestros dones, querrían tenerlos para sí.</p>
<p>Nadie se atrevió a replicar pero yo, en silencio, con el corazón de niña encogido en un puño, me aseguré que no todo podía ser así. Que no todos podrían ser malvados. ¿Acaso no quedan flores vivas, incluso en lo más crudo del invierno? Quisiera haberle recordado a nuestro padre, que había sido humano. Sin embargo, no me salieron las palabras. Nunca había tenido derecho a mencionarlo. O eso, al menos, me repetía Cristal mientras me dirigía sus dolorosas miradas de desdén. A veces no me lo susurraba con palabras: el simple odio en su rostro era suficiente para hacerme bajar la cabeza y concentrarme en mi comida.</p>
<p>Para mí, mi padre no era más que una sonrisa borrosa que me reconfortaba cuando me sentía asustada. Obstinada, me esforzaba en creer que su fantasma seguía conmigo: no como algo amenazante, sino más bien como un ángel de la guarda, aunque no estaba segura de saber qué era eso. ¿Qué importaba? Recordaba perfectamente su voz, que para mí era como miel deslizándose en el paladar, diciendo aquella frase cargada de significado: <em>ángel de la guarda</em>. Y eso era suficiente para convencerme de que era algo bueno, algo en lo que debía creer, que me protegería y me guiaría cuando no supiera que hacer.</p>
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