Don’t you cry

¡Sorpresa! ¿A que esto no os lo esperabáis?

No os acostumbréis. Me temo que no he recuperado internet, sino que estoy “rateándoselo” a una conocida que tenemos en común (para más datos, sección Dawn [a.k.a. la que siempre actualiza]).

Espero vuestras opiniones. Hasta la próxima.

***

No necesitaba siquiera acercarse al instrumento que ocupaba el centro de la habitación para escuchar aquella melodía claramente, como si alguien estuviese sentado frente a él pasando con suavidad los dedos por las inmaculadas teclas. Aquella nana que tantas veces había logrado sumirla en un sueño profundo, se había quedado grabada en su memoria hasta tal punto que era capaz de tocarla sin miedo a equivocarse aunque nunca hubiese existido una partitura. ¿Era eso lo que muchos llaman memoria emotiva? Quizás. Lo era que  nunca había creído en eso pero empezaba a pensar que no podía tratarse de otra cosa. ¿Qué más podría lograr que las notas cobrasen vida intangiblemente? Con solo cerrar los ojos podía ver a su madre sentada frente a aquel mismo piano. Algunos podrían pensar que se trataba de  un absurdo, era casi imposible que la recordase con tanta claridad. Tal vez lograse evocar su recuerdo como si estuviera sucediendo de nuevo ante sus ojos debido al gran parecido existente entre ellas.

Un par de lágrimas silenciosas y traicioneras escaparon de sus ojos. ¡Como le hubiese gustado llegar a conocerla! Su abuela siempre le decía que podía ver a Katherine en ella. Cada vez que la veía acariciar el piano con nostalgia, siempre le repetía las mismas palabras alentadoras:

“Cada vez que te miro veo a tu madre en ti. Se cuanta falta te hace, cielo pero con el tiempo tú también llegaras a verla cuando te mires al espejo”

Probablemente tuviese razón y esa era la causa de que pudiera proyectar una imagen de su progenitora tan real que casi hubiera  creído poder tocarla.

Absorta en sus pensamientos no había sentido los silenciosos pasos de su novio hasta que la rodeó con determinación y suavidad a un tiempo en un abrazo cálido a la vez que reconfortante.

No necesitaba preguntar, sabía exactamente lo que pasaba por la cabeza de la pelirroja, aquella misma joven a la que un día creyó su hermana. No en vano había convivido con ella durante tantos años. Conocía perfectamente la expresión que se mostraba en su rostro cuando estaba melancólica y pensativa.

Al cabo de unos instantes sintió como ella apoyaba la cabeza en el hueco entre su hombro derecho y su cuello en señal de rendición.

Un suspiro fue todo lo que salió de sus labios, nada podía haberle dicho más que aquel simple gesto, fue la mejor manera de decirle que se sentía abrumada por los escasos recuerdos que tenía de su progenitora.

Muy lentamente el joven la separo de sí y la giró hasta que quedaron frente a frente. La tristeza que vio reflejada en los ojos verdes de su novia lo conmovió. Sobraron las palabras, nada de lo que pudiera decirle la hubiera consolado sin embargo pareció que la caricia espontánea e incluso inesperada fue el mejor bálsamo.

- Cariño, los pocos o muchos recuerdos que tengas de ella no son lo más importante. Que la mantengas viva con ellos es lo esencial. Sé que eso es lo que ella hubiera querido.

Lejos de tranquilizarla, aquellas palabras parecieron entristecerla más así que el joven hizo lo único que se le ocurrió en aquel instante: la acercó al espejo que ocupaba el fondo del pasillo.

- Mírate al espejo, amor, ¿Qué es lo que ves?

La muchacha dudó, últimamente odiaba mirarse en aquellas superficies inmaculadas, casi creía estar viendo a Katherine Evans en su lugar.

El joven la tomó suavemente por la barbilla y la obligó a levantar la vista.

- No tengas miedo a lo que puedas encontrar, cielo, solamente mira al frente y dime que es lo que ves.

Al ver como la joven dudaba, el muchacho la rodeo por la cintura y apoyó la cabeza en su hombro.

- Está bien, te diré yo lo que veo. Veo a una joven de cabellos de fuego y hermosos ojos verdes. Veo también la mujer hermosa y fuerte que espero se convierta en mi esposa.

Aquellas palabras quedaron unos instantes suspendidas en el aire hasta que la pelirroja fue realmente consciente de lo que implicaban. Por primera vez, levantó la mirada por decisión propia y lo miró a través del espejo. La sonrisa que se dibujaba en el rostro de Matt brillaba también en sus ojos. No podía distinguirlo con exactitud pero creía ver que escondía algo tras su espalda. Rápidamente se giró para mirarlo directamente a los ojos sin que hubiera un espejo de por medio.

- Matt…

El joven posó con delicadeza un dedo en los labios de ella para lograr silenciarla sin necesidad de palabras.

- Ni una palabra, princesa, soy yo quien debe hablar ahora. Te conozco como nadie lograra jamás hacerlo, sé cuales son tus virtudes y cuales tus defectos, sé exactamente que aspecto tienes nada más levantarte o cuando estás enferma, sé leer tus diferentes expresiones y miradas. Quizás eso no signifique mucho para otros pero para mi implica que he pasado los mejores años de mi vida a tu lado y me gustaría que fuese así durante el resto de nuestras vidas por eso, Holly Marie Evans, ¿me concederías el honor de pasar el resto de mi vida a tu lado, esta vez como tu marido?

Los ojos de la joven volvieron a inundarse pero en aquella ocasión fueron lágrimas de felicidad.

- ¿Realmente necesitas que conteste?

Le hubiera gustado escuchar el sí salir de sus labios pero la sonrisa que iluminó el rostro de la pelirroja fue toda la respuesta que necesitó.

Sin mediar una sola palabra más, el joven deslizó el anillo en el dedo anular de la pelirroja cerrando así un pacto que quizás hubiera estado escrito en sus destinos desde mucho antes de que ellos fueran conscientes.

***
Nota de R.L. Moonlight: La segunda parte de la historia “Áine” se retrasa hasta la semana que viene, ya que alguien ha actualizado por mí.

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~ por sophie18 en 27/08/2011.

3 comentarios to “Don’t you cry”

  1. me encanta esta pareja xD, te ha quedado muy bonita la escena ^^

  2. Vale, solo diré una cosita: ooooooow, qué dulces son~ <3 ¡Yo también quiero un hombre así!

  3. Jajaja me temo que Matt solo existe en mi imaginación y que es sin lugar a dudas el chico que todas querríamos. Me alegro de tenerte de vuelta por estos lares ^^

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