La Rosa Azul
*Se abre el telón y Selene se sube al escenario, aunque esta vez sin Dora por allí*
Selene: Hoy prescindo de introducción, porque el texto ya es lo suficientemente largo como para que os aburraís sin necesidad de mis palabras. Le he recortado partes porque era enorme y… bueno, nada más. Solo decir que es un cuento, basado en otro que escribí hace ya muchos años. Espero que lo disfruteis *Sonríe y se despide con la mano*
La rosa azul
Hace mucho tiempo, en un reino mágico de los de antaño, vivían un príncipe y una princesa prometidos en matrimonio: ella era la más bella y virtuosa de las doncellas conocidas; él, el más valiente y leal de los caballeros nacidos hasta el momento.
El príncipe recibió, como regalo de bodas de su amada, un cervatillo de esbelta figura, blanco como la nieve virgen. Era aquella una criatura agraciada, hermosa hasta en su grácil caminar. El problema residía en que él no sabía qué otorgarle a ella como don.
Al preguntarle a su prometida, en espera de alguna idea, ella sonrió y no dijo nada. Y así una y otra vez, hasta que en la novena ocasión, la princesa se decidió a responder a su petición.
[...]
–Si deseas hacerme un regalo, que sea una rosa azul –repetía ella a cada nueva inquisición–. Son flores mágicas que conceden deseos a quienes las poseen. No obstante, si muere, también morirá la persona más importante para ti.
Él le prometió que nunca mataría una de aquellas rosas y, con la firme intención de agradar a su dama con el capricho de tal regalo mágico, partió rumbo a la aventura.
[...]
Una noche, meses después de haber abandonado su hogar en busca del regalo, mientras dormía bajo las estrellas, una formidable criatura se le apareció en sueños: un hada de cabellos plateados como la luz de luna y los ojos azules como el cielo, vestida con pétalos de flores y rayos de sol.
–Apuesto príncipe, tus rezos y súplicas han sido oídas por mí y, si de verdad deseas encontrar una rosa azul, yo te mostraré la más hermosa que unos ojos humanos hayan visto jamás.
En sueños, el caballero se postró ante la dama tocada de luz y pidió humildemente su ayuda. Porque ansiaba volver a su castillo y ver a su amada. Ella, sin duda, estaría esperando anhelante, pero él no volvería si no era con su deseado regalo.
El hada, complacida con la respuesta del muchacho, le mostró en visiones la montaña donde se ocultaba el milagroso tesoro. Más allá de vales y cuevas, más allá de los confines de su añorado hogar, el príncipe por fin encontraría lo que por tanto tiempo había buscado y, si el corazón de la flor no dejaba de latir, la felicidad estaría asegurada para la pareja.
Durante los siguientes días, el valiente príncipe continuó su viaje en busca de la colina vista en sueños, en cuyo interior se encontraba el secreto de su sino.
Al final del cuarto día, cuando el crepúsculo teñía de escarlata el cielo, llegó. Ante él se alzaba una montaña desnuda de árboles, de tierra baldía y hierba seca. A la entrada de la caverna en cuyas profundidades estaba la rosa, un dragón de azul zafiro aguardaba por él. Sus escamas eran joyas y cristal, que lanzaban destellos al sol poniente. Sus ojos negros se posaron sobre la pequeña figura que era el muchacho en comparación con él. En las profundidades de su alma nació el rugido del león y la tormenta, en su boca vivía el aliento de las estrellas y el fuego mortal. Entre sus patas se escondía la Muerte.
La batalla duró tres noches y dos días y, cuando al fin se alzaba el sol al comienzo de otra mañana, tiñendo el cielo de funesta palidez, la criatura azul cayó derrotada y su sangre se tornó en perlas rojas que, ante los rayos recién nacidos que acariciaron su frágil superficie se convirtieron en flores que nacieron a los pies del caballero. Pronto, el cuerpo caído en tierra no fue más que una piedra cubierta de colores azulados y una espesa capa de hiedra.
Sin más obstáculos, el príncipe se introdujo en la cueva.
Caminó por las entrañas de la colina durante lo que le parecieron horas, pues el camino se tornaba laberíntico por instantes. No obstante, al final pudo alcanzar el final: la rosa se encontraba dentro de una caja de cristal y oro, de la cual el gallardo muchacho no se atrevió a sacarla. Envolvió el frágil cristal en su capa y, acunando ésta contra su pecho, hizo el camino de vuelta.
Cuando el príncipe retornó a su hogar, ya había pasado un año desde la última vez que había visitado a su amada, pero estaba seguro de que ella jamás lo había olvidado.
Ni una vez se atrevió a mirar la flor durante su retorno, pero una vez estuvo a las puertas del castillo, no pudo más que sentir curiosidad y desenvolver la caja con sumo cuidado.
Dentro, no había la hermosa rosa azul que había visto la primera vez, sino que solamente quedaba un tallo marchito y unos pétalos arrugados. Asustado al recordar la leyenda, sin poder pensar en otra cosa mas que en que había tomado el tesoro y éste ahora había muerto, el príncipe corrió hasta la habitación donde la princesa debería haber estado.
Sobre la cama yacía, inerte, un hermoso cuerpo marchito.
–Tú sabías lo que pasaría si acababas con la vida de la rosa azul y, aún así, osaste atravesar su corazón.
El príncipe, sorprendido, se volvió a tiempo de ver al hada de cabellos de luz de luna. Entre sus manos había tomado los restos de la flor y, ahora, lo miraba con pena, irradiando luz.
–Cometiste un crimen y este es tu castigo.
–Yo no hice nada –respondió el joven, sin moverse de su lugar al lado del lecho de la princesa–. Tomé la rosa justamente, después de acabar con el dragón.
Y entonces comprendió. La bestia y la flor tenían el mismo color. ¿Acaso estaban relacionados? ¿Era la vida del dragón y la vida de semejante tesoro milagroso la misma?
–Ahora lo comprendes, ¿verdad? –murmuró el hada, clavando sus ojos de cielo sobre él–. La rosa no era más que el alma de aquella criatura que tu ceguera y el capricho de tu dama asesinaron juntos. Nunca una vida valdrá más que otra, príncipe, ahora lo sabes, aunque el precio por ese conocimiento haya sido alto. –Y habiendo concluido con su discurso, la hermosa feérica desapareció.
El joven gritó y suplicó, maldijo y lloró para que la mujer le devolviese a su único amor, pero sus palabras fueron escuchadas por el aire, quien las llevó en sus alas invisibles hasta alejarlas de allí, haciéndolas flotar hacia un lugar donde nadie pudiera encontrar aquel amargo dolor.
Pasaron los días y el dolor del amante dio paso al cansancio. Así fue como se abandonó y se tumbó entre los cristales, cerró los ojos y decidió marchitarse, como había hecho el alma del dragón que había matado, como había hecho el cuerpo de su princesa, a la que había amado más que a ninguna otra persona en el mundo.
*Cae el telón*

Diós mío, es precioso… ;___; Muy triste, eso sí. *cof cof* Pero precioso al fín y al cabo. Felicitaciones a la autora. ^^ En serio me ha encantado.
Bexitos galletunoos~~
Lop-chan dijo esto en Marzo 6, 2009 a 21:12 |
Esto… algo triste no?? pero al fin y a cabo es una historia bonita. Como siempre narras demasiado bien… al final acabaras siendo una escritora mundialmente famosa jeje
Bueno… que ya dejo de escribir… hasta la proxima actu y gracias a nuestros lectores.
Sophie dijo esto en Marzo 17, 2009 a 10:04 |
Algunas veces el amor es extraño puesto que siempre nos habla de la felicidad, pero casi siempre nos topamos con fracasos (lo digo por experiencias que eh visto pasar) pero yo creo que siempre hay que salir adelante… espero que a los siguientes lectores le guste esta historia.
anònimo dijo esto en Abril 12, 2009 a 2:42 |