*Un viaje inolvidable*

*Se abre el telón*

(Sophie entra sin demasiada convicción y mira a su alrededor. Suspira, ultimamente los lectores parecen escasear)

S: Hola de nuevo. Estuve seriamente pensando en no pasarme tan pronto pero como ya tengo una continuación para “Una canción de despedida” he decidido no haceros sufrir más y deciros ya como acaba.

(De pronto un joven de cabellos castaños irrumpe en la escena)

Alan: ¡No hacerlos sufrir a ellos! Pero si somos los protagonistas los que más sufrimos.

(El joven se muestra indignado y Sophie sonrié en un intento de tranquilizarle)

S: Disculpa, Alan. Por supuesto lo primero que se me paso por la cabeza fue el dejar de haceros sufrir.

A: (ironizando) Si, claro y yo soy una monja de clausura que se disfrazo de hombre para poder escapar del convento.

(Se escucha una risa tan dulce como melodica que hace que tanto Alan como Sophie se vuelvan para ver a quien pertenece.)

A y S: ¡Natalie!

(La joven se limita a sonreír)

N: Alan haz el favor de no molestar a Sophie. Te recuerdo que todavía puede cambiar el final.

(Sophie suspira. Sabe perfectamente que Natalie es la única que puede aplacar las ironias de Alan)

S: Como no quiero que os aburraís os presento ya el relato… como de costumbre os aconsejo que tengaís los pañuelos a mano aunque en esta ocasión es probable que no los necesiteís.

(Sophie guiña un ojo a los lectores y desaparece de escena)

*Un viaje inolvidable*

Todavía se preguntaba porque había decidido aceptar aquel reportaje. Tal vez lo que la había impulsado a aceptar aquel trabajo en EE.UU era la esperanza de encontrarle.

Natalie suspiró. Se había prometido a si misma no volver a llorar nunca más por él pero no podía evitar seguir queriendole.

Miró a su alrededor. Supuestamente pasarían a recogerla al aeropuerto.

- Señorita Golden, disculpe el retraso. El tráfico está algo revuelto esta mañana.

La joven se limitó a sonreír amablemente.

- No se preocupe. No han sido más que diez minutos. ¿A donde tenemos que dirigirnos?

- Al hospital en el que trabaja el doctor Townsend. Le entrevistará en su despacho. – respondió el hombre que debía tener unos 40 años.

De expresión amable, cabellos negros y ojos grises, el hombre parecía ser un chofér puesto que vestía de uniforme.

- Disculpe mis modales. Me llamo Robert Harrison, soy el asistente del señor Townsend.

- Natalie Golden. Encantada de conocerle. – la joven sonrió amablemente.

- Acompañeme, por favor. Tengo el coche en la puerta.

La joven de cabellos rubios asintió y siguió al hombre hasta un coche verde botella. El conductor le abrió amablemente la puerta y guardó su escaso equipaje en el maletero.

No tardaron en llegar al hospital y entrar en el despacho de Alexander.

Justo en el instante en que Robert se despedía de Natalie con un apretón de manos, entró una joven de ojos verdes.

- Gracias por acompañarla hasta aquí, Robert.

- De nada, señora. – contestó el aludido formalmente.

- Te tengo dicho mil veces que nada de tantas formalidades. Llamame simplemente Christine.

El hombre asintió un tanto avergonzado pero la joven le sonrió tranquilizadoramente.

Natalie miró a la joven que acababa de entrar, como mucho tendría dos años más que ella.

La joven de cabellos rizos notó la mirada de la periodista y le sonrió .

- Natalie ¿verdad? Me llamo Christine Townsend. Mi marido llegará enseguida, ha tenido un imprevisto y me ha pedido que viniese a recibirte.

La joven periodista sonrió a su vez.

- Veo que habeís hecho buenas migas. Me alegro. – justo en aquel instante el doctor Townsend entraba por la puerta de su despacho.

- ¡Alex! ¡No deberías darnos esos sustos! Bueno, yo me voy para que podaís trabajar tranquilamente.

- Espera, cielo. Tal vez la señorita Golden quiera que te quedes.

- Natalie, por favor. Y si, agradecería que esteís ambos.

Christine asintió y tomo asiento junto a su marido, ambos frente a la joven periodista.

La entrevista comenzó y pronto Natalie sintió como si les conociera de toda la vida.

A la joven la conmovió la historia de la pareja. Alexander había salvado la vida de su esposa gracias a sus conocimientos médicos. Y no solo eso, además había salvado a otra joven con una enfermedad similar y hacia tan solo unos días había realizado con exito una complicada operación. Había salvado la vida de un jove,  cuya identidad la periodista desconocía, y le había dado con ello una nueva oportunidad cuando todos creían imposible que se salvase.

Entonces a la periodista se le ocurrió una idea que podía resultar totalmente innovadora.

- ¿Podría hacerle algunas preguntas al paciente? – preguntó la joven.

Alex dudó pero finalmente asintió.

- Tendrá que preguntarle primero si no le importa pero en principio no habrá ningún problema. Esperad aquí un momento.

Las dos jovenes de cabellos rubios asintieron y el médico abandonó la estancia tras depositar un beso dulce en la frente de su esposa.

Natalie sonrió con nostalgia, recordaba con total perfección los momentos en los que era Alan quien se despedía de aquel modo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Alexander volvió a entrar en la estancia con semblante preocupado.

- Se ha puesto un poco nervioso cuando he mencionado tu nombre pero no se ha negado. Solo me ha pedido que mantengamos su identidad en secreto. Espero que no sea un problema.

Natalie negó energicamente y el matrimonio la acompaño a una de las habitaciones del hospital. Era una habitación privada y las cortinas de la cama estaban cerradas.

- Buenos días, señor. Me gustaria hacerle algunas preguntas si no es incoveniente. – saludó formalmente la periodista.

- Puede comenzar cuando quiera. Trataré de responder a todo lo que me pregunte pero le advierto que no contestaré a nada sobre mi vida privada.

Natalie se encontró sin saber que decir. Reconocería aquella voz en cualquier parte. Era la voz de Alan pero el que estaba detrás de aquella cortina no podía ser él… él no podía haber estado enfermo sin que ella lo supiese.

En aquel instante todas las piezas encajaron como si de un puzzle se tratase. Él la había dejado para que ella no se enterase de que estaba enfermo.

La joven no sabía si estaba dolida, enfadada o feliz por volver a encontrarse con él.

- ¡Jonathan Alan Black, eres un idiota! – la joven abrió las cortinas de sopetón pillandole desprevenido – ¡Comó se te ocurrió no contarme la verdad! ¿Comó pudiste ocultarme algo tan importante?

La joven lo miraba con los brazos cruzadas, la ceja alzada y cierta expresión de exasperación en el rostro.

Alan no pudo por menos que estallar en carcajadas.

- ¿Te parece que es el mejor momento para que te rías? – aquello no mejoró el humor de la periodista.

- Eres sorprendente, Nat. Esa es la razón de que te quiera. No me di cuenta de que hubiera sufrido menos sabiendo la verdad que con aquella absurda mentira. Lo siento, cielo.

Ante aquellas palabras, el enfado de la joven desapareció y las lágrimas asomaron a su rostro.

- ¿Como pudiste siquiera pensar que me importaba que estuvieras enfermo? Hubiera estado incondicionalmente a tu lado, ocurriese lo que ocurriese. – las palabras de la periodista se vieron interrumpidas por los sollozos.

Alan extendió la mano hacia ella y sonrió dulcemente.

- Ven aquí, cielo. – la joven se acercó a él y se sentó a su lado. – Nunca dude de tu amor, mi niña, simplemente no quería que sufrieses si a mi me pasaba algo.

- Siempre has sido demasiado caballeroso para mi gusto. – se quejó la periodista con un mohín de disgusto.

El joven sonrió y deposito un beso dulce en la frente de su novia.

- Demasiado caballeroso, lo que yo… – sus palabras se vieron interrumpidas cuando Alan posó los labios dulcemente sobre los suyos.

Volvían a estar juntos y sería para siempre.

 

*Cae el telón*

~ por sophie18 en Febrero 5, 2009.

3 comentarios to “*Un viaje inolvidable*”

  1. La verdad chicas, me sorprenden, adoro su blog y creo que todas ustedes son unas escritoras maravillosas. Este relato me ha dejado sin palabras, es muy bonito, sigan así!
    El mejor de los deseos,
    Anna..

  2. ¡Uoo! La chica del comentario de arriba se llama como yo, que cosas. xD *cof cof* A lo que iba. Hoy comentaré esta entrada y la anterior, que había empezado a leer pero no había terminado.

    Empezaré con Sakura. La verdad, me encantan los mundos que creas. Todo es tan bonito y perfecto (dejando aparte lo que haces sufrir a tus personajes… u¬.¬).

    Y Sophie. ¡Un escrito con final feliz! o___o Estoy impresionada. Yo que ya tenía por aquí cerquita mi paquete de pañuelos… Me ha gustado mucho esta segunda parte. Me ha alegrado saber que había un final feliz para esta pareja, ¡que se lo merecían!

    Y esto era todo. Felicitaros a las dos otra vez por escribir tan bien. Espero que volváis pronto con más. ;D

    Bexitoos~~

  3. Creo que hablo en nombre de todas cuando os agradezco los comentarios *Les guiña un ojo*

    Pronto, más y mejor, esperemos *Hace una sutil reverencia*

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