..Coward..

*Se asoma, dubitativa, mirando alrededor con ojos ligeramente entrecerrados, como si realmente no terminase de acordarse de aquel lugar. Finalmente, sacude la cabeza y carraspea, entrando con las manos entrelazadas tras la espalda y una sonrisita infantil adornando sus facciones*.

I: Pues… Sí, increíble pero cierto, mía será la primera actualización de este nuevo año. Y por supuesto… ¡Feliz año 2009! Que cumpláis vuestros sueños y deseeis aún más de lo que habéis cumplido, porque en anhelos se basa la vida *echa la lengua* ¿A que me ha quedado muy bonito?

Narrador: Precioso, sí. Raro, viniendo de la boca de una niñata borde como…

I: *le interrumpe, suspirando exasperada* Cambiamos de año, pero tú sigues aquí, dando la tabarra. ¿Por qué no te vas a celebrar el nuevo año con la señorita Narradora y me dejas en paz, cielo?

Narrador: Es que ya lo hemos celebrado. Por si no te has dado cuenta, estamos a día dos. El año nuevo se celebra la noche del 31 y la madrugada del 1, y se suele felicitar el último día del año que se acaba o el primero del siguiente, ¡no el segundo!

I: … B-Bueno… P-Pero la intención es lo que cuenta…

Narrador: Espero que, al menos, no digas “feliz Navidad a todos”.

I: Naaah… A mí la Navidad no me gusta, chavalín. Pero… ¡¡Felices Reyes a todos!! Y a sacarle jugo a las vacaciones.

Narrador: *suspira* Bueno, ¿qué? ¿Piensas poner relato o no?

I: Sí~~ Pongo, pues, una parte del regalo que le hice a mi manita (Selene) estas Navidades. Ojalá le haya gustado mucho y ojalá os guste a vosotros. No es nada privado *ríe, un poquito* sólo una bonita parte de una de tantas historias. ¡Una vez más, feliz año nuevo!

 

-¿Qué hacías? –preguntó, en un murmullo.

Nathael se tomó su tiempo para responder. De nuevo, la chica se atrevió a dirigirle una mirada de soslayo, cuidadosa. Le pudo ver entrecerrar los ojos y titubear, como si en realidad él tampoco supiese la respuesta a aquella cuestión.

-Pensaba –murmuró, al fin.

-Perdido en el pasado, por supuesto.

Ambos dieron un respingo y se miraron, aunque el chico no tardó en apartar la vista hacia otro lado. Alice tragó saliva y maldijo en su fuero interno el reproche que había brotado casi inconscientemente de sus labios. ¿Casi? Completamente, diría ella. Había sido un arrebato decir las palabras que sabía que le dañarían. Frunció el ceño y se mordió la lengua, como si pretendiese castigarse a sí misma.

-Nathael, no quería…

-Déjalo.

Los labios de ella se fruncieron al callar. El silencio fue el único que susurró palabras incomprensibles para ellos, dirigidas aparentemente a los árboles, que murmuraron una respuesta al rozarse sus hojas. Posiblemente hablasen sobre ellos, sobre lo estúpidos, sobre lo cobardes que eran.

Pasaron unos momentos hasta que Nathael se dignó a volver a hablar, aunque sus ojos no volvieron a posarse sobre ella, pese a que Alice fijaba su mirada en él casi con desesperación.

-¿Cómo se encuentra Monique?

La chica no dejó de mirarle. Atendió al movimiento de sus labios cuando murmuraron aquellas verbas y a cómo se fruncieron después. Sus manos se posaban una sobre otra, abriéndose y cerrándose de un modo apenas perceptible. Sus ojos se mantenían entrecerrados. Su cabello se mecía acariciando las facciones. Su pecho subía y bajaba al son de una respiración no demasiado acompasada, quizás nerviosa o inquieta.

Alice terminó por volver a mirar a los ojos verdes de él, en los que el sol se reflejaba como si quisiese convertir aquellas esmeraldas en sus súbditas.

-Mejor –susurró-. Están cuidando de ella. Se cura rápido. Creo que le duele más la indiferencia de Jared.

-No es indiferencia –negó Nathael en un susurro.

La muchacha apartó la vista al riachuelo, colocándose uno de los tirabuzones morenos tras la oreja. Jugueteó un momento con sus pies, moviéndolos ligeramente de uno a otro lado.

-Ciertamente –concordó también susurrando-. Se llama cobardía.

-Todo el mundo precisa de cobardía antes de saber siquiera qué es el valor –respondió el joven, subiendo algo el tono de su voz.

Sus ojos se fijaron en la figura de ella en una mirada de soslayo, quizás algo titubeante. Las miradas volvieron a encontrarse y los labios de ella se entreabrieron sin llegar a decir nada, como si se hubiese olvidado de cómo se rebatían las palabras o como si sencillamente no quisiese hacerlo.

Se quedaron así durante unos momentos, mirándose a los ojos, quizás a la espera de que el otro rompiese el silencio o deseando que no lo hiciese para poder quedarse así, sin palabras que pudiesen traicionarles o dañarles, sin secretos que pudiesen resultar tabú, sin pasados molestos, sin pensamientos irritados. Sólo quedarse con su mirada reflejada en la del otro.

Pero eran cobardes. Ambos. Por eso Nathael terminó por bajar la vista y Alice cerró los ojos, dejando escapar un suspiro entre los labios entreabiertos.

-¿Tú ya has sido cobarde, pues? –se atrevió a decir la joven en un susurro que temió que fuese demasiado bajo como para ser escuchado.

El silencio que sobrevino, durante unos momentos, hizo que se replantease que quizás realmente no había sido escuchada. Abrió de nuevo la boca, para repetir los vocablos, intentando que la voz que le habían robado los ojos del muchacho volviese a ella.

-Lo sigo siendo –respondió Nathael antes de que ella pudiera hablar-. Lo he sido y lo sigo siendo.

La chica abrió los ojos con lentitud. Los irises castaños se mostraron confundidos tras los párpados, quizás incluso incrédulos. Ladeó la cabeza.

-¿Se puede ser, entonces, valiente y cobarde a la vez?

Nathael la volvió a mirar con una de las comisuras de sus labios alzándose en un gesto divertido, aunque el sol arrancó a su mirada un destello triste. Apoyó su cara en un puño, cuyo brazo se apoyaba en su rodilla. La miró con fijeza y una perfecta ceja se alzó ligeramente en un gesto inquisitivo. Ella no supo identificar cuántos sentimientos se mantenían aplacados en aquella mirada que amenazaba con descubrir todos sus secretos, al observarla con tanta fijeza.

-¿Quién te ha mentido diciendo que yo, precisamente, sea valiente? –murmuró el joven en respuesta a la pregunta.

Alice abrió la boca, pero la cerró. Una vez más, se concentró sólo en sus ojos, que ahora pedían una respuesta a la cuestión. Le costó unos instantes apartar la vista hacia el riachuelo para obligarse a responder.

-A mí me lo pareces.

-Tu percepción no puede estar más terriblemente equivocada.

En su voz se distinguía un reproche divertido, al que le acompañó una mueca de desaprobación fingida en el rostro del chico. Claro, como si nada. Alice pensó que debía haberlo supuesto. Ironizaba la situación con la intención de que ella lo dejase correr. Se hacía el despreocupado para evitar las preocupaciones, sin dejar nunca la sinceridad a un lado. Nathael poseía una pasmosa facilidad para convertir un problema en un chiste. No sabía si eso era bueno o malo, pero sí que en aquella ocasión no lo iba a dejar pasar.

-¿Por qué dices carecer de valentía? –cuestionó alzando la mirada a los ojos del joven.

Los labios de él se entreabrieron algo sorprendidos, pues posiblemente él ya se hubiera confiado en que  escucharía la tenue risa de la joven. Cerró la boca y no apartó la mirada, aunque en sus ojos se distinguió un vacile que hizo que apartase la vista de los ojos de ella durante un instante.

Ella no apartó la mirada, y agradeció que él la volviese a mirar después de coger aire. Se sobresaltó un poco al sentir dos dedos trémulos acariciando su mejilla. Cualquier seriedad en su mirada se derritió ante el gesto, o quizás ante la presión de aquellas esmeraldas que tampoco parecían dispuestas, ahora, a apartar la vista de los ojos de ella. Entreabrió los labios, pero no dijo nada.

Cerró los ojos cuando los dedos subieron hasta su frente y acariciaron sus párpados, pasando después por el puente de su nariz, de nuevo por sus pómulos acto seguido… Sintió como el muchacho capturaba un mechón que el viento le había descolocado tras la oreja y como después la caricia continuaba por su mentón, acariciándolo hasta la barbilla, donde subió a los labios. Se obligó a tomar aire, pero se negó a alzar los párpados, temiendo que al hacerlo el tacto de la piel de él sobre la suya fuese a desvanecerse como si se tratase de una dulce quimera.

-Si fuese valiente…

El susurro sonó como si no estuviera diciéndoselo a ella, sino que más bien se estuviese reprochando a sí mismo la falta de un coraje que había perdido o quizás nunca había tenido. Pero fue suficiente para obligarla a abrir los ojos con muchísima lentitud y excesivo cuidado, asustada de que un gesto demasiado repentino pudiese hacer que el muchacho apartase la mano de su rostro, que seguía acariciando con la punta de sus dedos.

Las miradas volvieron a encontrarse y Alice no supo lo que vio en los ojos de él, aparte del reflejo de unos ojos castaños que pedían a gritos respuestas. Los ojos verdes eran un ciclón ahora. Tantos sentimientos que resultaba casi imposible escoger uno e identificarlo. Pero el miedo estaba por encima de todas aquellas sensaciones que daban vueltas en aquella clara mirada. Y, sin embargo, él no parecía querer a apartar la vista de sus ojos por muy asustado que pudiera estar. Tampoco a dejarla sin una respuesta, porque sus labios se siguieron moviendo al tiempo que sus dedos trazaban líneas por el rostro de ella.

-Si fuese valiente –repitió, con cuidado- no tendría miedo de amarte como lo hago.

Los ojos de ella se abrieron algo más y su respiración se entrecortó con el vuelco que dio su corazón.

Nathael entreabrió los labios como si acabase de darse cuenta de lo que acababa de decir y se irguió para apartar la mano del rostro femenino, pero ella la capturó con una de las suyas. De los labios del muchacho escapó una exclamación sorprendida y sus ojos volvieron a buscar los de ella. Los encontró, pero no le dio mucho tiempo a mirarlos, pues al instante Alice se refugiaba en su pecho. Tragó saliva, pero sus brazos rodearon el cuerpo de la muchacha con fuerza.

-No tengas miedo de eso –escuchó que decía la suave voz muy cerca de su oído.

La separó lo justo para que las miradas pudiesen volver a encontrarse. Pero esta vez, no se limitaron a perderse en los ojos del otro. Se perdieron al encontrarse los labios, y ninguno quiso encontrar el camino de vuelta a la cordura.

*Cae el telón*

~ por Lis en Enero 2, 2009.

3 comentarios to “..Coward..”

  1. ¡Aaaah! Esta chica se supera cada día, ¿no creéis? *esboza una sonrisa feliz y deja escapar un suspiro enamorado* Tanto escribiendo como creando nuevos personajes. ¿Quién va a querer actualizar después de esto? Yo quiero que esta parte quede el primer escrito que aparezca cuando alguien llegue a la página. Así, siempre podremos captar nuevos adeptos ¡Explotaremos a Iria como escritora, todo el rato!

    *Alguien carraspea y ella da un respingo, volviendo a la normalidad*

    Disculpad, a veces se me va la pinza.
    Retomando el hilo del principio, ya sabes, manita, que me encantó. Navidad no tendría el “feliz” delante sin tu fantabuloso regalo *deja escapar una risa tonta y se sonroja* y el viaje con Vincent *suspiro de enamorada*

    Y esto se está alargando, así que lo dejo xD

    Mil besos y… aunque con retraso, como dice el señor Narrador… ¡¡Feliz Año Nuevo!! ;)

  2. Vaya!!! Increible pero cierto parece que finalmente Iria se ha decido… al menos alguien se ha molestado en actualizar jeje

    Bienvenida, Iria!! Y Feliz Año Nuevo a todos!!

  3. Feliz año nuevo~ ;D

    ¡Y qué magnífica primera entrada del año! Ya se te echaba de menos por aquí, Iria. No estoy segura de si es necesario que, como siempre, diga lo mucho que me ha gustado el escrito y lo bien que escribes, así que me limitaré a aplaudirte y desear que este 2009 esté lleno de escritos como éste.

    Saludoos~~

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