(* Entra Skadi, acompañada por un joven de cabellos claros, de un curioso tono ceniciento, y ojos azules. Frunce el ceño al ver la cara de sorpresa de todos los espectadores*)
S: ¿Alguien necesita ayuda para desencajarse la mandíbula? Ni que fuese tan raro verme por aquí…
Rage: (*la mira de soslayo, y apreta los labios como conteniendo una respuesta mordaz*) Por supuesto que no…
S: Rage, espero que eso no sea una ironía… Por tu propia seguridad. Quien sabe, puede que a causa de tu lengua mordaz el Morningstar acabe empotrándose contra un iceberg… (*Hace un gesto con las manos, ilustrando la escena que tiene en la mente.*) En fin, la actualización de hoy es un poco… ¿peculiar? Sí, creo que esa es la palabra. La tuve que escribir por razones ajenas a mi voluntad…
R: Eso te pasa por apostar spoilers con Selene y Sophie.
S: (*lo mira iracunda*) Que conste que tenía la situación muy controlada. Hasta que cambiaron de juego no había perdido ni una sola vez. Si esta vida fuera justa, no tendría que escribir nada.
R: Lo que tú digas…
S: El caso es que este fragmento nunca llegará a suceder. Por una razón muy simple, es demasiado melindroso para mi gusto. Se me fue la mano con el azúcar… (*Se queda unos instantes en silencio, perdida en los recuerdos de conversaciones muy interesantes. Rage le pellizca el brazo, muy solícitamente*) Vuelve a hacer eso y te arranco el corazón con una cuchara. ¿Por donde iba? ¡Ah, sí! La cuestión es que no suelo escribir ese tipo de cosas… Es tan raro, que ni siquiera parece mío.
R: Ahí tienes razón. Te pega más escribir cosas frías, crueles e insensibles. Se amoldan más a tu carácter.
(*Skadi empuja a Rage, tirándolo del escenario. Se oyó un ruido muy fuerte, y un quejido amortiguado. Ella asoma la cabeza por el borde del escenario, haciendo una mueca muy rara*)
S: Esto… iba a dejar que Rage se despidiera, pero parece que se ha caído accidentalmente del escenario. Y aunque se mueve si le das patadas, no creo que sea adecuado que haga esfuerzos físicos por un tiempo. Así que adiós, good-bye, au revoir, auf wiedersen… Nos vemos en mi próxima actualización.
(*Skadi hace una reverencia antes de salir del escenario. Su salida triunfal se ve empequeñecida por la entrada de dos enfermeros que se llevan a Rage en una camilla*)
Ira apoyó los brazos en la balaustrada de piedra, y enterró el rostro entre ellos, ocultando la tristeza que se reflejaba en sus armoniosos rasgos. Cerró los ojos un instante disfrutando del tacto de su piel fría contra su frente. Dejó que su mejilla descansara sobre la palma de su mano, mientras un suspiro, peregrino de sus propios labios, revoloteaba en el aire frío como un fantasma melancólico. Nunca había sentido un dolor parecido. Lo sentía tan extraño que casi le parecía ajeno, como si no le perteneciese. Sin duda, era algo muy peculiar, añorar algo que nunca se había tenido. Morir de nostalgia por unos besos que nunca había sentido. Era como tener morriña de un lugar que nunca había visitado.
Sus ojos de color azul eléctrico se posaron en el río que fluía a sus pies. A veces le gustaría ser una de esas gotas que formaban aquella caudalosa corriente. Suficientemente cercana al mundo como para disfrutar con su contemplación, y demasiado lejana como para sentir su dolor. Tragó saliva, en un vano intento de aflojar el incómodo nudo que tenía en la garganta. El anhelo estremecía su corazón, haciendo que latiese furioso, golpeando con furia su pecho, marcando el ritmo de sus confusos pensamientos. La necesidad de volver a ver aquel rostro frío y carente de emoción se volvió tan imperiosa que se creyó morir de angustia.
En el fondo, sabía que aquellos sentimientos, aquellos deseos velados, no eran más que un capricho. Estaba acostumbrada a conseguir siempre lo que se le antojara. Con una simple sonrisa podía hacer que cualquier hombre se postrase a sus pies, que la adorase como si fuese una diosa. Podía volverlos locos, jugar con ellos hasta arrancarles el último pedazo de voluntad. Se había acostumbrado a ser la que pisoteaba los sentimientos de los demás, utilizándolos como si fueran pedazos de carne insensibles. A herir para no resultar herida. Se había amoldado tanto a ese rol que había adquirido con los años, que se había olvidado de lo que era fracasar. Por primera vez en muchísimo tiempo era ella la que sufría, enferma de amor. Rabiosa de celos. Languideciendo lentamente a causa de la incertidumbre, de la soledad.
- ¿Irina?- preguntó una voz grave a su espalda.
El cuerpo de la joven se tensó al reconocerla. Se imaginó el rostro que pertenecía a aquella voz, sin atreverse a girarse. Por que eso era lo más curioso de todo. Pese a lo mucho que anhelaba verle, cada vez que lo hacía sentía un dolor insoportable.
- Parece que es cierto.- se limitó a decir, tratando de controlar el temblor en aquellas palabras que huían de sus labios casi por iniciativa propia.- El culpable siempre vuelve a la escena del crimen.
Ian no contestó. Aquel había sido el lugar en el que la había capturado, meses atrás. Recordaba aquella noche a la perfección. Recordaba haber pensado en lo hermosa que era antes de atacarla. Se encogió de hombros, y contestó con total tranquilidad:
- Sí. Lo que no había oído nunca es que la víctima lo hiciese. La gente suele huir de los recuerdos desagradables.
Aquella frase enfureció a Ira. ¿Qué sabría él de recuerdos desagradables? ¿O de lo que era tener que huir de ellos? Era un idiota. Se giró dispuesta a encararle, pero cuando sus miradas se encontraron su furiosa determinación de evaporó. Sintió que las piernas le fallaban. Aquellos ojos de color azul claro, la examinaban con la más fría de las indiferencias. Una vez más, las palabras parecieron tener vida propia cuando se deslizaron entre sus labios.
- ¿Has contemplado la posibilidad de que para mí no sean recuerdos desagradables? Tampoco digo que fueran maravillosos, ni mucho menos. Podrías haberte mostrado más amable… He vivido cosas horribles, momentos tan dolorosos que a veces me gustaría poder arrancarme el corazón por miedo a revivirlos… Y puedo asegurarte que tu pseudo-secuestro no es uno de ellos.
Ian la miró con la sorpresa pintada en la cara. Aquel gesto de estupefacción provocó el regocijo de la joven, que estaba orgullosa de haber hecho que Ian perdiese aquella expresión imperturbable que le resultaba tan molesta.
- ¿Mi pseudo-secuestro?
Ira dejó que un suspiro despectivo escapase de sus labios. Alzó una ceja y le miró como si fuera un chicle pegado en la suela de su zapato de tacón.
- Puede que te creas diferente al resto de hombres, pero lo cierto es que eres igual de estúpido. Os creéis demasiado inteligentes como para tomar en serio a una mujer por el simple hecho de que cuida su aspecto. Lo creas o no, fui yo quien abrió las esposas con una horquilla del pelo. Pude haber escapado el primer día, pero me parecía muy divertido tomarte el pelo. Cuando te marchabas me sentaba en el sofá, veía la televisión e incluso comía algo. Cuando Hela llegó, fui yo la que le abrió la puerta.
Ian sonrió, sin embargo, en sus ojos todavía se podía leer su asombro. Cabeceó en señal de aprobación, y clavó sus ojos azules en los de la joven.
- Está bien, lo reconozco. Te subestimé porque eras hermosa. Te seguí durante un par de días y me pareciste demasiado simple como para suponer una amenaza. Estaba equivocado.
¿Simple? Aquello era un estupidez. Había pocas personas en el mundo más complicadas que la joven de cabellos oscuros. Ocultaba su inteligente tras una apariencia sobresaliente para que idiotas como él se creyesen que podían mangonearla como quisieran. Era muy fácil no tener enemigos cuando nadie te creía una amenaza. Era mentirosa, manipuladora y maliciosa, y lo peor de todo, es que a ella le gustaba serlo.
- Sí, te equivocaste. Y debería odiarte por ello. Debería despreciarte tanto como desprecio a todos esos idiotas que me subestiman. Sin embargo, hay algo que no puedo sacarme de la cabeza.
Ian la miró, ligeramente intrigado.
- ¿De qué se trata?
La joven desvió la mirada. Sabía que si continuaba con sus ojos fijos en los del Cazador, no sería capaz de continuar hablando.
- Creías tenerme a tu merced… Podrías haberme forzado a hacer… cualquier cosa- balbuceó con inseguridad, sin atreverse a especificar más.
En la cabeza de Ian, todas las piezas empezaban a encajar. Comprendió de golpe por qué se comportaba así. Por qué jugaba con los hombres, por qué los despreciaba.
- Comprendo. Ese es uno de los recuerdos que querrías olvidar ¿no? Uno de los que provoca que quieras arrancarte el corazón.- Ira volvió a girarse, dándole la espalda.- Si te sirve de consuelo, yo no soy de esa clase de hombres. Jamás le haría eso a nadie.
Al oír esas palabras, la hechicera sintió que aquel sentimiento sin nombre que le profesaba al joven crecía, llenando su corazón. Su cuerpo se convulsionó en llanto, y las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos.
- Nunca se lo he contado a nadie.- dijo con voz queda.- Solo Hela conoce mi secreto, y es porque estaba presente cuando sucedió.
Tras un instante de vacilación, Ian abrazó su cintura por detrás en un intento de reconfortarla. Un escalofrío recorrió la columna vertebral, cuando sintió su cuerpo cálido en la espalda, cuando sus labios rozaron la sensible piel de su cuello.
- ¿Quieres hablar de ello?
Ella negó con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra. Todavía no podía enfrentarse a los recuerdos. Los sentía demasiado reales, demasiado frescos, demasiado dolorosos. La ternura de Ian la había tomado totalmente desprevenida. Se percató de golpe de que le amaba. Se giró con rapidez, incapaz de permanecer un solo segundo sin verle.
Sus labios se encontraron en un beso dulce, casi inocente. Si aquello tomó por sorpresa a Ian, supo disimularlo muy bien. Mientras una de sus manos se colocaba en su espalda a la altura de la cintura y la atraía hacia sí, la otra le acariciaba los cabellos, enredando los dedos en sus rizos oscuros.
Aquel leve beso, tan corto y efímero, fue devastador para ambos. Se separaron con lentitud, como tratando de prolongar aquella sensación.
- Reconozco que hay algo que yo tampoco he podido alejar de mi cabeza desde aquel día- musitó el Cazador, acariciando sus mejillas. La muchacha le miró inquisitivamente. Los labios de Ian se curvaron en una sonrisa cuando vio su expresión.- A ti.
..Ilusiones..